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Elecciones bajo la lupa de la IA: lo que aprendimos, lo que enfrentamos, lo que se viene para las legislativas 2025

Elections Under the AI Microscope: What We Learned, What We Faced, What Lies Ahead for the 2025 Legislative Elections

PublicadoPublished 8 ago 2025 · 5 min

La Inteligencia Artificial (IA) está transformando las campañas políticas, pero la regulación de este fenómeno sigue en debate. Mientras países como Brasil avanzan en su control normativo ante la proliferación de deepfakes y las campañas de desinformación, Argentina enfrenta el ciclo electoral de 2025 con una legislación débil y reacciones tardías. Las experiencias internacionales revelan usos creativos y también riesgos graves, desde activismo digital hasta violencia política. En nuestro país, el uso electoral de IA crece, pero sin certezas ni medidas claras. ¿Qué se debe tener en cuenta de cara a las legislativas nacionales de 2025?

Generative Artificial Intelligence (AI) is transforming political campaigns, but the regulation of this phenomenon remains under debate. While countries like Brazil advance in their regulatory control in the face of the proliferation of deepfakes and disinformation campaigns, Argentina faces the 2025 electoral cycle with weak legislation and delayed reactions. International experiences reveal creative uses as well as serious risks, from digital activism to political violence. In our country, the electoral use of AI is growing, but without certainty or clear measures. What must be taken into account ahead of the 2025 national legislative elections?

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa en la esfera pública plantea desafíos inéditos para las democracias contemporáneas. Su influencia potencial en campañas políticas ha encendido alertas en todo el mundo: desde académicos y empresas tecnológicas hasta actores políticos y organizaciones de la sociedad civil. En Argentina, que transita un año de elecciones legislativas nacionales, el debate sobre su regulación es aún incipiente, mientras los impactos de la IA ya se manifiestan en diversos niveles del proceso electoral. ¿Cuáles son las lecciones, preocupaciones y certezas que se tienen sobre el uso de IA en campaña?

Lecciones del súper ciclo electoral global de 2024

El año 2024 ofreció un laboratorio de escala global para analizar el papel de la IA en contextos electorales. Coincidieron elecciones presidenciales en Estados Unidos, India, comicios municipales en Brasil y las votaciones del Parlamento Europeo, entre otros. Fue la primera ocasión en que sistemas de IA generativa estuvieron disponibles durante una temporada electoral.

Diversos gobiernos y organismos intentaron anticipar sus riesgos, sobre todo frente a la experiencia de Cambridge Analytica. En Brasil, el Tribunal Superior Electoral dispuso en febrero de 2024 una serie de restricciones: prohibición absoluta de los deepfakes, limitaciones al uso de chatbots y avatares en campaña y obligación de etiquetar contenido sintético multimedia, entre otros. Al mismo tiempo, varias empresas tecnológicas establecieron compromisos voluntarios para mitigar usos maliciosos. Se comprometieron a identificar contenido electoral engañoso, mejorar la transparencia de sus políticas de IA y educar a los usuarios sobre el contenido electoral hecho por IA, entre otras cuestiones.

A pesar de las preocupaciones de los principales actores, los resultados desafiaron algunas predicciones apocalípticas. Lejos de un despliegue masivo orientado a desinformar y manipular, el uso de IA también mostró usos positivos. En específico, sirvió para reducir costos comunicacionales y ampliar el alcance de las campañas. Por ejemplo, en India se empleó para mitigar los costos de comunicación en un país tan masivo y multicultural; mientras que en países autoritarios como Bielorrusia o Venezuela, fue adoptada como herramienta de protesta.

No obstante, esto no quiere decir que no hayan habido usos maliciosos y desinformantes de estas tecnologías. En Brasil, se utilizaron deepnudes como violencia política de género, lo que vulneró gravemente los derechos de las candidatas mujeres. En México, se viralizaron videos creados con IA donde una de las candidatas difundía información falsa. En Venezuela, se crearon periódicos falsos de medios internacionales para diseminar propaganda del régimen de Maduro. Los deepfakes siguieron usándose con intenciones de desinformar, así como la técnica de astroturfing (la simulación automatizada de consenso ciudadano). Además, se demostró que las plataformas de IA como Gemini y Copilot entregaron información incorrecta o desactualizada sobre candidaturas.

¿Y la experiencia de Argentina?

Argentina no ha quedado al margen de estas tendencias. En 2023, fue utilizada para generar imágenes que acompañaban las comunicaciones de candidatos como Javier Milei. Otro ejemplo es el del partido Juntos Somos Rio Negro desarrolló su asistente virtual AlbertoBot para aumentar los canales de comunicación entre el candidato a gobernador Alberto Weretilneck y la población.

Ya comenzando el ciclo electoral 2025, las elecciones legislativas de Ciudad Autónoma de Buenos Aires tuvieron un incidente con IA. Este consistió de una serie de videos que circulaban por X (ex Twitter) de Mauricio Macri y Silvia Lospennato: en uno de ellos, el referente Macri anunció que su partido se retiraba de las elecciones. Luego se difundió otro video en donde la misma Lospennato anunciaba su renuncia a participar en las elecciones. La proximidad de estos contenidos al día de votación dificultó su verificación inmediata. Si bien su impacto real fue limitado, dejaron al descubierto una vulnerabilidad institucional: la ausencia de protocolos claros para enfrentar este tipo de eventos.

Entonces… ¿qué esperar?

En octubre emergerá una nueva arena donde analizar el uso de IA en campañas en nuestro país. Hay que tener en cuenta que es poco probable que antes de esa fecha se establezcan regulaciones claras sobre el uso de IA en campañas al estilo de Brasil.

Un conjunto de legisladores peronistas, radicales y libertarios, presentaron un proyecto para regular la difusión de videos hechos por IA en las campañas políticas, llamado “Protección del Régimen Electoral por IA”. Allí se obliga a etiquetar el contenido hecho con IA y eliminarlo en determinadas situaciones, pero todavía no ha avanzado en las cámaras.

Por otro lado, las compañías de tecnología, que para el 2024 habían endurecido sus políticas de control de contenido, bajaron su intensidad frente a los resultados del uso de IA en 2024. Es decir, se han reducido las precauciones que las mismas redes sociales tenían para con el contenido hecho con IA a partir de los compromisos voluntarios. Además, las tecnologías de IA han mejorado su capacidad para crear contenido multimedia audiovisual, siendo cada vez más difícil de detectar. Los audios son particularmente convincentes, y cuesta que el público en general distinga que son hechos por IA.

No obstante, este contexto no tiene porqué ser una señal de alarma. Experiencias anteriores han demostrado que la IA puede ser una herramienta útil de comunicación y acercamiento con los candidatos. Cómo se mencionó, hay usos creativos como los chatbots con información de los políticos y partidos, que permite que los votantes interactúen de forma amena con el contenido político. Además, ayuda a abaratar costos de jingles y contenidos visuales, entre otros, para los partidos más pequeños. Esto les facilita una llegada más amplia y democrática a la ciudadanía.

La campaña legislativa del 2025 será una nueva instancia para observar el despliegue de IA en Argentina. Con marcos legales aún difusos, dependerá de los partidos, los medios, los votantes y el mismo Estado nacional evitar que esta tecnología desborde los límites éticos. La experiencia internacional muestra que regular no implica censurar, sino fortalecer la transparencia y proteger la integridad del proceso electoral.

Por ahora, la realidad de este ciclo electoral está definida por una palabra: incertidumbre.

The irruption of generative artificial intelligence (AI) in the public sphere poses unprecedented challenges for contemporary democracies. Its potential influence on political campaigns has sounded alarms worldwide: from academics and technology companies to political actors and civil society organizations. In Argentina, which is undergoing a year of national legislative elections, the debate over its regulation is still incipient, while the impacts of AI are already manifesting at various levels of the electoral process. What are the lessons, concerns, and certainties regarding the use of AI in campaigns?

Lessons from the 2024 Global Electoral Super-Cycle

The year 2024 offered a global-scale laboratory to analyze the role of AI in electoral contexts. It coincided with presidential elections in the United States and India, municipal elections in Brazil, and the European Parliament elections, among others. It was the first occasion in which generative AI systems were widely available during an electoral season.

Various governments and agencies attempted to anticipate its risks, especially in light of the Cambridge Analytica experience. In Brazil, the Superior Electoral Court established a series of restrictions in February 2024: an absolute ban on deepfakes, limitations on the use of chatbots and avatars in campaigns, and the obligation to label synthetic multimedia content, among others. At the same time, several technology companies made voluntary commitments to mitigate malicious uses. They pledged to identify deceptive electoral content, improve the transparency of their AI policies, and educate users about electoral content created by AI, among other matters.

Despite the concerns of major actors, the results challenged some apocalyptic predictions. Far from a massive deployment aimed at spreading disinformation and manipulating, the use of AI also showed positive applications. Specifically, it served to reduce communication costs and expand the reach of campaigns. For instance, in India, it was employed to mitigate communication costs in such a massive and multicultural country, while in authoritarian countries like Belarus or Venezuela, it was adopted as a tool for protest.

Nonetheless, this does not mean there were no malicious and disinformative uses of these technologies. In Brazil, deepnudes were utilized as a tool of political gender-based violence, gravely violating the rights of female candidates. In Mexico, videos created with AI where one of the candidates apparently spread false information went viral. In Venezuela, fake newspapers mimicking international media were created to disseminate propaganda for the Maduro regime. Deepfakes continued to be used with the intention of spreading disinformation, alongside the technique of astroturfing (the automated simulation of grassroots consensus). Furthermore, it was demonstrated that AI platforms like Gemini and Copilot delivered incorrect or outdated information about candidacies.

And the Argentine Experience?

Argentina has not remained on the sidelines of these trends. In 2023, AI was used to generate images that accompanied the communications of candidates like Javier Milei. Another example is the party Juntos Somos Río Negro, which developed its virtual assistant AlbertoBot to increase communication channels between candidate for governor Alberto Weretilneck and the population.

Already at the beginning of the 2025 electoral cycle, the legislative elections in the Autonomous City of Buenos Aires experienced an incident involving AI. This consisted of a series of videos circulating on X (formerly Twitter) of Mauricio Macri and Silvia Lospennato: in one of them, Macri announced that his party was withdrawing from the elections. Then, another video was spread where Lospennato announced her resignation from participating in the elections. The proximity of these contents to the voting day hindered their immediate verification. Although their actual impact was limited, they laid bare an institutional vulnerability: the absence of clear protocols to face this type of event.

So... What to Expect?

In October, a new arena will emerge to analyze the use of AI in campaigns in our country. It must be kept in mind that it is highly unlikely that clear regulations on the use of AI in campaigns—similar to those in Brazil—will be established before that date.

A group of Peronist, Radical, and Libertarian legislators presented a bill to regulate the dissemination of videos made by AI in political campaigns, named “Protection of the Electoral Regime against AI.” It obligates the labeling of content made with AI and its removal in certain situations, but it has not yet made progress in the chambers.

On the other hand, technology companies, which had tightened their content control policies for 2024, lowered their intensity following the results of the use of AI in 2024. In other words, the precautions that social networks themselves had toward content made with AI based on voluntary commitments have been reduced. In addition, AI technologies have improved their capacity to create audiovisual multimedia content, making it increasingly difficult to detect. Audio deepfakes are particularly convincing, and it is hard for the general public to distinguish that they are made by AI.

Nonetheless, this context does not have to be a cause for alarm. Previous experiences have demonstrated that AI can be a useful tool for communication and rapprochement with candidates. As mentioned, there are creative uses such as chatbots with information from politicians and parties, which allow voters to interact with political content in an engaging way. Furthermore, it helps lower the costs of jingles and visual content, among others, for smaller parties. This facilitates a broader and more democratic reach to citizens.

The 2025 legislative campaign will be a new instance to observe the deployment of AI in Argentina. With legal frameworks still diffuse, it will depend on the parties, the media, the voters, and the national State itself to prevent this technology from overstepping ethical boundaries. International experience shows that regulating does not imply censoring, but rather strengthening transparency and protecting the integrity of the electoral process.

For now, the reality of this electoral cycle is defined by one word: uncertainty.

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