La baja productividad en América Latina frena el desarrollo de la región y profundiza la desigualdad. Los oligopolios, la desindustrialización y el gran sector informal que posee el continente son algunas de sus principales causas. ¿Cómo revertir esta tendencia cuando su productividad es ampliamente inferior a la de otras economías en desarrollo? Para romper con el patrón de las "décadas perdidas", se necesita más que reformas laborales y flexibilización: la solución debe pasar por una estrategia integral de estabilidad institucional, macroeconómica e inversión en capital humano y tecnología.
Low productivity in Latin America holds back the region's development and deepens inequality. Oligopolies, deindustrialization, and the continent's large informal sector are some of its primary causes. How can this trend be reversed when its productivity is vastly inferior to that of other developing economies? To break the pattern of "lost decades," more is needed than labor reforms and flexibilization: the solution must involve a comprehensive strategy of institutional stability, macroeconomic consistency, and investment in human capital and technology.
La baja productividad en América Latina representa uno de los principales obstáculos para el desarrollo sostenible del continente, dado que el estancamiento debilita el crecimiento económico y profundiza la desigualdad existente. Entre 2010 y 2020, América Latina fue la región con el crecimiento económico más lento del mundo. Entre las causas de la baja productividad se incluye la infraestructura deficiente, la volatilidad macroeconómica, la informalidad laboral, y la escasa inversión en tecnología y formación, lo que limita la competitividad y la generación de empleos de calidad.
La diferencia con las economías avanzadas es clara. La productividad laboral en Estados Unidos fue cuatro veces superior a la de América Latina y el Caribe en 2023. Esta disparidad es casi el doble de la observada en 1950. Paralelamente, la productividad laboral promedio de países latinoamericanos como Chile, Costa Rica, México y Colombia representa solo el 41% del promedio de los países de la OCDE.
Los problemas de fondo
La volatilidad macroeconómica histórica de la región es un obstáculo directo para la inversión productiva y el crecimiento. Los ciclos recurrentes de inflación, deuda y crisis financieras crean un ambiente de incertidumbre que dificulta pensar en el largo plazo. La combinación de la inestabilidad económica con la debilidad institucional característica de América Latina aumenta la desigualdad y genera la eterna sensación de “décadas perdidas”.
Ahora bien, ¿a qué se debe la baja productividad? Podemos identificar tres causas principales. La primera refiere a los numerosos oligopolios que existen en la región, especialmente en sectores de telecomunicación, banca, farmacéutica, alimentos. Las grandes empresas dominan el mercado y restringen la competencia, concentrando el poder económico y generando una subordinación de los mercados locales a los globalizados.
La segunda causa tiene que ver con la fuerte desindustrialización que sufrió América Latina durante los gobiernos militares de la segunda mitad del siglo XX. El proceso de apertura económica y consecuente desindustrialización generó un cambio en la estructura productiva: muchos obreros, ahora desempleados, no pudieron volver a insertarse exitosamente en el mercado formal. Este proceso afectó principalmente a las ciudades más grandes, ya que a medida que el empleo se contrajo, aumentó el sector de servicios menos dinámicos y comercializables, y ello tuvo consecuencias negativas en la productividad.
En tercer lugar, y en sintonía con el punto anterior, hay un gran sector de la economía que es informal. Por ejemplo, en Brasil y en Perú más de la mitad de la población activa tiene un trabajo informal. En Argentina, el 43% de los trabajadores se encuentran sin registrar. Esto significa que alrededor de 4 de cada 10 personas se desempeñan en empleos que no cuentan con el respaldo de la legislación laboral, impositiva o de seguridad social. No solo los trabajadores están desprotegidos, sino que los Estados recaudan menos. La debilidad institucional hace que sea sencillo para los cuentapropistas, comercios y pequeñas empresas evadir impuestos. Como es caro poner en blanco a los empleados, muchas pymes se mantienen pequeñas y no escalan su producción.
El impacto socioeconómico
La baja productividad durante periodos prolongados tiene fuertes repercusiones sociales y económicas, y genera las ya mencionadas “décadas perdidas”. El principal efecto es el estancamiento, que impide una mejora real en los niveles de vida de las personas. Los países de la región pierden competitividad frente a otras economías emergentes de Asia o África, lo que se traduce en una menor participación en el comercio global.
Para superar este estancamiento, es necesario avanzar más allá de soluciones de corto plazo o unilaterales. Las nuevas derechas latinoamericanas traen a colación debates sobre flexibilización y reforma laboral como respuesta a la informalidad, pero estas medidas por sí solas son insuficiente para generar un salto productivo. Es fundamental que cualquier reforma tenga de fondo una mayor institucionalización y estabilidad macroeconómica. No hay una receta mágica o una solución simple para abordar estas problemáticas, pero la respuesta debe ser de largo plazo. Es clave fortalecer la inversión en tecnología y capital humano, facilitando el acceso a formación de calidad que permita a los trabajadores insertarse en sectores más dinámicos y productivos. Solo así América Latina podrá romper con el patrón de las décadas perdidas y construir una base productiva más justa y eficiente.
Low productivity in Latin America represents one of the main obstacles to the sustainable development of the continent, given that stagnation weakens economic growth and deepens existing inequality. Between 2010 and 2020, Latin America was the slowest-growing economic region in the world. The causes of low productivity include deficient infrastructure, macroeconomic volatility, labor informality, and scarce investment in technology and training, which limits competitiveness and the generation of quality jobs.
The gap with advanced economies is clear. Labor productivity in the United States was four times higher than that of Latin America and the Caribbean in 2023. This disparity is nearly double what was observed in 1950. Paradoxically, the average labor productivity of Latin American countries such as Chile, Costa Rica, Mexico, and Colombia represents only 41% of the average for OECD countries.
The underlying problems
The region's historical macroeconomic volatility is a direct obstacle to productive investment and growth. Recurrent cycles of inflation, debt, and financial crises create an environment of uncertainty that makes it difficult to think about the long term. The combination of economic instability with the institutional weakness characteristic of Latin America increases inequality and generates the eternal feeling of "lost decades."
Now, what causes this low productivity? We can identify three main causes. The first refers to the numerous oligopolies that exist in the region, especially in the telecommunications, banking, pharmaceutical, and food sectors. Large corporations dominate the market and restrict competition, concentrating economic power and generating a subordination of local markets to globalized ones.
The second cause has to do with the sharp deindustrialization suffered by Latin America during the military governments of the second half of the 20th century. The process of economic opening and consequent deindustrialization generated a shift in the productive structure: many workers, now unemployed, could not successfully re-enter the formal market. This process primarily affected the largest cities, as employment contracted, the less dynamic and less tradable service sector grew, bringing negative consequences for productivity.
Thirdly, and in alignment with the previous point, there is a large informal sector in the economy. For instance, in Brazil and Peru, more than half of the working population holds an informal job. In Argentina, 43% of workers are unregistered. This means that around 4 out of 10 people work in jobs that lack the backing of labor, tax, or social security legislation. Not only are the workers unprotected, but States also collect less revenue. Institutional weakness makes it easy for the self-employed, shops, and small businesses to evade taxes. Because it is expensive to formalize employees, many SMEs remain small and do not scale their production.
The socioeconomic impact
Low productivity over prolonged periods has sharp social and economic repercussions, generating the aforementioned "lost decades." The primary effect is stagnation, which prevents a real improvement in people's living standards. The countries of the region lose competitiveness against other emerging economies in Asia or Africa, translating into a lower share of global trade.
To overcome this stagnation, it is necessary to move beyond short-term or unilateral solutions. The new Latin American rights bring up debates on flexibilization and labor reform as a response to informality, but these measures on their own are insufficient to generate a productive leap. It is fundamental for any reform to be backed by greater institutionalization and macroeconomic stability. There is no magic recipe or simple solution to address these issues, but the answer must be long-term. It is key to strengthen investment in technology and human capital, facilitating access to quality training that allows workers to enter more dynamic and productive sectors. Only then will Latin America be able to break the pattern of lost decades and build a fairer and more efficient productive base.