Centro de Estudios Interdisciplinarios para el Desarrollo Center for Interdisciplinary Development Studies
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Desarrollo HumanoHuman Development

La escuela y la trampa de la exclusión

School and the trap of exclusion

PublicadoPublished 3 ago 2025 · 4 min

La relación entre la escuela y el trabajo atraviesa una profunda contradicción como resultado de nuevas expresiones de la desigualdad social. La escuela cumple una función inclusiva en el marco de una sociedad de exclusión, revelando tensiones sobre su alcance y sentido. ¿Cuál es el rol de la institución educativa en el escenario actual y cuál es el que deben asumir las políticas de gestión educativa?

The relationship between school and work is undergoing a profound contradiction as a result of new expressions of social inequality. The school fulfills an inclusive function within the framework of a society of exclusion, revealing tensions regarding its scope and meaning. What is the role of the educational institution in the current scenario and what role should educational management policies assume?

Durante las últimas décadas, la fragmentación e inequidad social en América Latina se desarrolló en paralelo a las conquistas alcanzadas en el ámbito educativo. El incremento de la cobertura educativa y su universalización son hitos en la ampliación del derecho a la educación. Estos se constituyen como un motor de inclusión social en un proceso de largo alcance de formación de ciudadanía.

Los propósitos y las crecientes exigencias en la gestión educativa son evaluados a la par de las problemáticas estructurales actuales. La función de la escuela se vuelve una arena de disputa dentro de las prioridades de la sociedad. Mientras algunos reivindican la formación socializadora de la educación, otros buscan reducirla a una reproducción de las demandas del mercado laboral.

Por un lado, se encuentra una voluntad transformadora de la sociedad por medio de la democratización del conocimiento y la formación crítica. Por otro, su relegamiento a una función residual, destinada a la contención de los sectores sociales más desprotegidos y ocupando el lugar de otras entidades estatales.

El colapso entre la escuela y el trabajo

En una investigación de Kessler, se señala que la educación es concebida como un espacio de expansión de derechos para los jóvenes, mientras que el trabajo implica vulnerabilidades y ausencia de ciudadanía. A partir de la creciente desarticulación entre las trayectorias escolares y las oportunidades laborales efectivas, las fronteras entre la escuela y el trabajo se tornan difusas.

Esta relación también se resignificó al interior del aula a partir de nuevas herramientas de formación, como las pasantías en la educación secundaria. Facilitan un cierto grado de inserción en el mercado laboral, a cambio de consolidar un modelo educativo subordinado a la lógica del mercado, la competencia y el rendimiento. Esta gestión de políticas educativas reproduce formas de incertidumbre y vulnerabilidad al interior del aula, empobreciendo su sentido formativo y restándole gravitación política.

Las repetidas crisis económicas y la falta de inversión en todos los niveles educativos vuelven al aprendizaje un proyecto cada vez más complejo. Como indican algunos estudios, finalizar la escuela secundaria o incluso obtener un título terciario o universitario ya no garantiza el acceso a un empleo formal ni a condiciones de vida estables. Para muchos sectores sociales, la educación dejó de ser una garantía de inclusión y un horizonte de movilidad social ascendente.

En este sentido, la escuela se convierte en una trampa de la exclusión: un ciclo que mantiene a los sujetos dentro de los marcos formales de integración, pero que no ofrece las condiciones reales que garantizan una inclusión efectiva de todos los sectores de la sociedad. Lejos de ser una vía hacia el ascenso social y la capitalización de futuros profesionales, esta lógica instrumental administra la desigualdad bajo una apariencia de equidad.

La devaluación académica

En las últimas décadas, el empleo se caracterizó por una creciente precarización que afecta a sectores cada vez más amplios de la población. En paralelo, la sofisticación de las herramientas de gestión del capital humano redefinió los perfiles requeridos por el mercado, dejando a muchos jóvenes sin las herramientas necesarias para responder a estos nuevos estándares. El tránsito de la escuela al trabajo es hoy en día inestable e inequitativo, en un contexto donde la idea de que el mérito educativo garantiza una inserción laboral satisfactoria ya no se sostiene en la realidad.

En el nivel superior, un agravante de la desconexión entre las trayectorias escolares y las oportunidades laborales efectivas se encuentra en la devaluación relativa de los títulos universitarios. Su percepción social se encuentra desvalorizada a la hora de salir a buscar trabajo, como resultado de una masificación en el acceso a la educación superior y un proceso de “inflación” académica.

Los jóvenes confían en el valor de los títulos como una vía de progreso e inserción laboral. En la medida en que estas credenciales pierden su capacidad de distinción, esta apuesta refuerza un ciclo que no mejora su posición, sino que la mantiene. Así, terminan sosteniendo un modelo que no garantiza movilidad e integración, sino que refuerza su lugar en la jerarquía social. La educación opera como una promesa de transformación que, al no cumplirse, profundiza la exclusión.

¿Qué escuela queremos?

Frente al escenario actual de fragmentación social y precarización laboral, la escuela se encuentra en una encrucijada. Puede adoptar un rol subordinado, como instrumento afín al desarrollo de una sociedad de exclusión, o bien asumir su función socializadora, formando ciudadanos críticos y comprometidos. La inclusión genuina debe medirse por la capacidad del sistema educativo de garantizar procesos de aprendizaje significativos y la consideración de la escuela como una herramienta para proyectar un futuro mejor.

Es necesario repensar el vínculo entre la educación y el empleo desde una perspectiva integral, considerando en el aula los efectos del tránsito de uno a otro sin reducir la instancia de formación al mero desarrollo de competencias útiles al mercado. Se requiere una gestión de políticas públicas activa, capaz de garantizar trayectorias escolares sostenidas que no limiten la etapa formativa al ingreso al mercado laboral, sino que también contribuyan a una inclusión real.

Over the last few decades, social fragmentation and inequity in Latin America have developed in parallel with the achievements reached in the educational field. The increase in educational coverage and its universalization are milestones in the expansion of the right to education. These are constituted as an engine of social inclusion in a far-reaching process of citizenship formation.

The purposes and increasing demands on educational management are evaluated alongside current structural problems. The function of the school becomes an arena of dispute within the priorities of society. While some claim the socializing formation of education, others seek to reduce it to a reproduction of the demands of the labor market.

On one hand, there is a transformative will of society through the democratization of knowledge and critical training. On the other, its relegation to a residual function, destined to the containment of the most unprotected social sectors and occupying the place of other state entities.

The collapse between school and work

In research by Kessler, it is noted that education is conceived as a space for the expansion of rights for young people, while work implies vulnerabilities and an absence of citizenship. Based on the growing disarticulation between school trajectories and effective labor opportunities, the borders between school and work become diffuse.

This relationship was also resigned within the classroom based on new training tools, such as internships in secondary education. They facilitate a certain degree of insertion into the labor market, in exchange for consolidating an educational model subordinated to the logic of the market, competition, and performance. This management of educational policies reproduces forms of uncertainty and vulnerability within the classroom, impoverishing its formative sense and subtracting political weight.

Repeated economic crises and the lack of investment at all educational levels make learning an increasingly complex project. As some studies indicate, finishing secondary school or even obtaining a tertiary or university degree no longer guarantees access to formal employment or stable living conditions. For many social sectors, education ceased to be a guarantee of inclusion and a horizon for upward social mobility.

In this sense, the school becomes a trap of exclusion: a cycle that keeps subjects within the formal frameworks of integration, but does not offer the real conditions that guarantee effective inclusion for all sectors of society. Far from being a path toward social advancement and the capitalization of future professionals, this instrumental logic manages inequality under an appearance of equity.

Academic devaluation

In recent decades, employment has been characterized by growing precariousness that affects increasingly wider sectors of the population. In parallel, the sophistication of human capital management tools redefined the profiles required by the market, leaving many young people without the necessary tools to respond to these new standards. The transition from school to work is currently unstable and inequitable, in a context where the idea that educational merit guarantees satisfactory labor insertion no longer holds up in reality.

At the higher level, an aggravating factor of the disconnection between school trajectories and effective labor opportunities is found in the relative devaluation of university degrees. Their social perception is devalued when looking for work, as a result of the massification of access to higher education and a process of academic "inflation."

Young people trust in the value of degrees as a path to progress and labor insertion. To the extent that these credentials lose their capacity for distinction, this bet reinforces a cycle that does not improve their position, but rather maintains it. Thus, they end up supporting a model that does not guarantee mobility and integration, but rather reinforces their place in the social hierarchy. Education operates as a promise of transformation that, by not being fulfilled, deepens exclusion.

What school do we want?

Faced with the current scenario of social fragmentation and labor precariousness, the school is at a crossroads. It can adopt a subordinate role, as an instrument akin to the development of a society of exclusion, or assume its socializing function, forming critical and committed citizens. Genuine inclusion must be measured by the educational system's ability to guarantee meaningful learning processes and the consideration of the school as a tool to project a better future.

It is necessary to rethink the link between education and employment from an integral perspective, considering the effects of the transition from one to the other in the classroom without reducing the training instance to the mere development of skills useful to the market. Active public policy management is required, capable of guaranteeing sustained school trajectories that do not limit the formative stage to entry into the labor market, but also contribute to real inclusion.

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