Argentina ante el fin del orden internacional basado en reglas
Argentina in the Face of the End of the Rules-Based International Order
Con el inicio de la segunda presidencia de Trump, los engranajes institucionales internacionales se vieron amenazados por un presidente estadounidense dispuesto a moldear el sistema internacional a su antojo. El gobierno argentino, liderado por Javier Milei, decidió apoyar de forma acrítica la posición estadounidense, rompiendo con una tradición de neutralidad y respeto por el multilateralismo que predominó en la política exterior argentina desde el regreso de la democracia. El futuro de la Argentina en el sistema internacional corre peligro si el derecho internacional y el sistema de Naciones Unidas se ven relegados por el poder y el uso de la fuerza. Más allá de alianzas coyunturales, es fundamental diagramar una política exterior acorde con los intereses que la Argentina siempre defendió, entre ellos, el respeto por el orden internacional basado en reglas.
With the start of Trump's second presidency, international institutional cogs were threatened by a US president willing to shape the international system to his whim. The Argentine government, led by Javier Milei, decided to uncritically support the US stance, breaking away from a tradition of neutrality and respect for multilateralism that had prevailed in Argentine foreign policy since the return to democracy. The future of Argentina in the international system is in jeopardy if international law and the United Nations system are sidelined by power and the use of force. Beyond circumstantial alliances, it is fundamental to map out a foreign policy aligned with the interests Argentina has always defended, among them, respect for the rules-based international order.
Con el inicio de la segunda presidencia de Trump, los engranajes institucionales internacionales se vieron amenazados por un presidente estadounidense dispuesto a moldear el sistema internacional a su antojo. El gobierno argentino, liderado por Javier Milei, decidió apoyar de forma acrítica la posición estadounidense, rompiendo con una tradición de neutralidad y respeto por el multilateralismo que predominó en la política exterior argentina desde el regreso de la democracia.
El futuro de la Argentina en el sistema internacional corre peligro si el derecho internacional y el sistema de Naciones Unidas se ven relegados por el poder y el uso de la fuerza. Más allá de alianzas coyunturales, es fundamental diagramar una política exterior acorde con los intereses que la Argentina siempre defendió, entre ellos, el respeto por el orden internacional basado en reglas.
La Argentina ante un mundo en conflicto
Con el inicio de la segunda presidencia de Donald Trump, el rol de Estados Unidos como impulsor del orden internacional basado en reglas llegó a su fin. La salida de este país de organismos multilaterales como la Organización Mundial de la Salud y la decisión del presidente norteamericano de emprender intervenciones militares en Irán y Venezuela ponen de relieve una cruda realidad de los tiempos en los que vivimos: Estados Unidos no tiene intención de atenerse al derecho internacional a la hora de realizar intervenciones en el extranjero.
En este contexto, el resto de los Estados que conforman la Comunidad Internacional se encuentran ante la disyuntiva de cómo adaptarse a un sistema internacional donde parece que el poder de las armas se impone al poder de la ley. seguir apostando o no al orden legal internacional. Queda claro que Rusia, en su calidad de gran potencia rival de los Estados Unidos, está dispuesta a renunciar a las leyes internacionales, por lo que el interrogante se centra ahora en los países con economías medias y en vías de desarrollo.
En el mes de enero, en el marco del Foro de Davos, el primer ministro de Canadá Mark Carney pronunció un discurso haciendo referencia a la crisis de los organismos multilaterales y el rol de los potencias medias y en vías de desarrollo como promotores de los propósitos y principios de las Naciones Unidas. Asimismo, el premier canadiense alertó sobre la importancia de defender el Derecho Internacional.
El rol de la Argentina
La República Argentina, desde su independencia y consolidación como Estado, se encontró a la vanguardia de la diplomacia y la solución pacífica de controversias. Así lo demuestra el hecho que el primer Nobel de la Paz latinoamericano, Carlos Saavedra Lamas, haya sido un Canciller argentino. Saavedra Lamas creía en la solución pacífica de controversias y uno de sus mayores aportes fue el Pacto antibélico que lleva su nombre y fue suscrito por 21 países.
Esta tradición pacifista de la diplomacia argentina experimentó un quiebre inédito con la llegada al poder de Javier Milei. El actual Presidente está convencido del deber de Argentina de alinearse de forma acrítica e irrestricta con los Estados Unidos. Está estrategia de política exterior implementada por Milei puede ser bastante perjudicial para la Argentina en los términos propuestos por Carney. Si el premier canadiense proponía una alianza entre potencias medias y países en vías de desarrollo, la Argentina parece tomar la orientación contraria.
La tradición pacifista de la República Argentina se observa a través de su propensión histórica a apostar por el diálogo, la neutralidad en tiempos de guerra, la no agresión y la defensa universal de los derechos humanos. Asimismo, Argentina desarrolló una serie de alianzas con países identificados dentro del Sur Global, tal como lo demuestra la incorporación de la Argentina al movimiento de países no alineados.
Desde la asunción de Javier Milei como Presidente de la República, comenzó a distanciarse de muchas tradiciones históricas en materia de política exterior, sobre todo en relación a la defensa de los derechos humanos. Por ejemplo, al votar negativamente en la ONU sobre una resolución que buscaba eliminar y prevenir la violencia contra mujeres y niñas. Este quiebre supera incluso las tendencias pendulares que caracterizaron la política argentina en las últimas décadas.
As, nuestro país parece ir a contracorriente del resto de los países en vías de desarrollo. Mientras el resto de los países latinoamericanos construyen vías de cooperación conjunta, la Argentina apuesta por abandonar su tradición pacifista, orientada la cooperación regional e internacional y la defensa de los derechos humanos.
En política exterior, cuesta mucho trabajo construir confianza dentro del sistema internacional. Una vez construída, es muy fácil destruirla. Es imprescindible que un futuro gobierno comandado por la actual oposición busque activamente recomponer la tradición argentina de política exterior, volviendo a posicionar al país como un defensor del diálogo multilateral, la solución pacífica de controversias y el orden internacional basado en reglas.
En un contexto internacional dominado por la ley del más fuerte un país como la Argentina, perteneciente al denominado Sur Global, haría mejor en reforzar la cooperación Sur-Sur. Con miras al futuro, es importante construir alianzas colectivas que refuercen el papel de los países en vías de desarrollo.
With the beginning of Donald Trump's second presidency, the role of the United States as a driver of the rules-based international order came to an end. The withdrawal of this country from multilateral bodies such as the World Health Organization and the US president's decision to undertake military interventions in Iran and Venezuela highlight a stark reality of the times we live in: the United States has no intention of abiding by international law when it comes to carrying out foreign interventions.
In this context, the rest of the States that make up the International Community find themselves at a crossroads of how to adapt to an international system where it seems that the power of weapons prevails over the power of law—whether to continue betting on the international legal order or not. It remains clear that Russia, in its capacity as a major rival power to the United States, is willing to renounce international laws, meaning that the question now centers on middle-income and developing countries.
In January, within the framework of the Davos Forum, Canadian Prime Minister Mark Carney delivered a speech referencing the crisis of multilateral organizations and the role of middle powers and developing nations as promoters of the purposes and principles of the United Nations. Furthermore, the Canadian premier warned about the importance of defending International Law.
The role of Argentina
The Argentine Republic, since its independence and consolidation as a State, has been at the forefront of diplomacy and the peaceful settlement of disputes. This is evidenced by the fact that the first Latin American Nobel Peace Prize laureate, Carlos Saavedra Lamas, was an Argentine Foreign Minister. Saavedra Lamas believed in the peaceful settlement of disputes, and one of his greatest contributions was the Anti-war Pact that bears his name, which was signed by 21 countries.
This pacifist tradition of Argentine diplomacy experienced an unprecedented rupture with the arrival of Javier Milei to power. The current President is convinced of Argentina's duty to align itself uncritically and unrestrictedly with the United States. This foreign policy strategy implemented by Milei could be quite detrimental to Argentina in the terms proposed by Carney. While the Canadian premier proposed an alliance between middle powers and developing countries, Argentina seems to take the opposite direction.
The pacifist tradition of the Argentine Republic is observed through its historical propensity to bet on dialogue, neutrality in times of war, non-aggression, and the universal defense of human rights. Likewise, Argentina developed a series of alliances with countries identified within the Global South, as demonstrated by Argentina's historical incorporation into the Non-Aligned Movement.
Since Javier Milei assumed the Presidency of the Republic, the country has begun to distance itself from many historical traditions in foreign policy, especially regarding the defense of human rights—for example, by voting negatively at the UN on a resolution that sought to eliminate and prevent violence against women and girls. This rupture surpasses even the pendular trends that characterized Argentine politics in recent decades.
Thus, our country seems to be running counter to the rest of the developing nations. While other Latin American countries build pathways for joint cooperation, Argentina bets on abandoning its pacifist tradition, which was oriented toward regional and international cooperation and the defense of human rights.
In foreign policy, it takes a lot of work to build trust within the international system. Once built, it is very easy to destroy. It is imperative that a future government led by the current opposition actively seeks to rebuild Argentina's foreign policy tradition, repositioning the country as a defender of multilateral dialogue, the peaceful settlement of disputes, and the rules-based international order. In an international context dominated by the law of the fittest, a country like Argentina, belonging to the so-called Global South, would do better to reinforce South-South cooperation. Looking ahead to the future, it is important to build collective alliances that strengthen the role of developing countries.