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El acuerdo UE-Mercosur y el desafío de consolidar la alianza birregional

The EU-Mercosur Agreement and the Challenge of Consolidating the Bi-Regional Alliance

PublicadoPublished 12 oct 2025 · 5 min

En un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, proteccionismo y una redefinición de alianzas estratégicas, la relación entre la Unión Europea y América del Sur cobra un nuevo protagonismo. El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la UE encarna tanto una promesa como una tensión: abrir mercados, atraer inversiones y estrechar vínculos políticos, pero también enfrentar resistencias internas, debates sobre sostenibilidad y cuestionamientos sobre equidad.

In a global context marked by geopolitical tensions, protectionism, and a redefinition of strategic alliances, the relationship between the European Union and South America takes on a new prominence. The Association Agreement between Mercosur and the EU embodies both a promise and a tension: opening markets, attracting investments, and strengthening political ties, but also facing internal resistance, debates on sustainability, and questions about equity.

La relación entre la Unión Europea (UE) y América Latina y el Caribe (ALC) se ha consolidado como una asociación que combina cooperación política, diálogo económico y acuerdos comerciales. Entre 2023 y 2025, la UE retomó su acercamiento hacia ALC: se renovó el tratado con México, entró en vigor la modernización del acuerdo con Chile y alcanzó un Acuerdo de Asociación con Mercosur; integrando esos procesos en la estrategia Global Gateway como marco de cooperación e inversión.

Estos avances recientes se sustentan en la complementariedad entre ambas regiones. No obstante, convertir estos acuerdos en resultados concretos depende en gran medida de superar los desafíos pendientes, en particular la ratificación del tratado con Mercosur, que enfrenta desafíos políticos, normativos y económicos.

El inter-regionalismo como clave estratégica

Tras más de veinte años de negociaciones, en la Cumbre del G-20 del 2019, el Mercosur y la UE alcanzaron un Acuerdo en Principio sobre los términos del pilar comercial, que se complementó un año más tarde con los capítulos de diálogo político y cooperación. Sin embargo, las críticas y desacuerdos, en particular sobre las cláusulas ambientales y de sostenibilidad, prolongaron el proceso hasta la Cumbre del Mercosur de diciembre de 2024, donde ambas partes firmaron el Acuerdo de Asociación.

Histórico por su tamaño y amplitud temática, exhibe grandes oportunidades al permitir la integración de dos mercados que, conjuntamente, representan un tercio del comercio global y un mercado de 778 millones de habitantes. Con el propósito de diversificar exportaciones y atraer inversiones, el Acuerdo de Asociación impulsa la apertura comercial mediante la reducción progresiva de barreras arancelarias. Al mismo tiempo, incorpora compromisos en áreas como el comercio de servicios, propiedad intelectual y desarrollo sostenible, consolidando un marco estable para que ambas partes fortalezcan su autonomía estratégica y amplíen sus márgenes de acción.

Más allá de las implicancias económicas, el acuerdo reviste un valor político y simbólico significativo. Ambos bloques, a pesar de las diferencias en su naturaleza, estructura y ambiciones, han sostenido desde los años noventa un vínculo unido por identidades y valores compartidos, como el compromiso por la democracia, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. En este sentido, el Acuerdo de Asociación reafirma esa voluntad de cooperación y proyecta una convergencia común frente a un orden internacional caracterizado por crecientes tensiones geopolíticas.

Desafíos para la ratificación

Si bien la firma del Acuerdo en 2024 representó un avance sustancial, el proceso de ratificación aún no se ha concretado. Además de las traducciones, ambos bloques deberán completar sus procesos políticos y legales internos para que el acuerdo pueda entrar en vigor. No obstante, los obstáculos trascienden el plano jurídico, ya que el acuerdo ha suscitado protestas y reticencias por parte de Estados y sectores específicos.

En el ámbito europeo, la resistencia de países como Francia, Polonia y Países Bajos refleja preocupaciones sobre la competencia justa frente a los productores del Mercosur. Estas objeciones señalan que la producción sudamericana no está sujeta a los mismos estándares regulatorios, lo cual reduce los costos de producción. Además, la exención de aranceles propuesta en el acuerdo permitiría que sus productos ingresen al mercado europeo a precios inferiores, aumentando su competitividad. En conjunto, estas controversias reflejan los límites de un esquema interregional que busca liberalizar el comercio sin atender la vulnerabilidad de los productores locales.

En el Mercosur, por el contrario, predomina una visión optimista sobre los beneficios del posible aumento de las exportaciones agrícolas. No obstante, sectores de la sociedad civil advierten sobre posibles efectos perjudiciales, como la reducción de las posibilidades de desarrollo productivo y el refuerzo de la especialización regresiva. Estas divergencias refuerzan la complejidad del acuerdo y subrayan que la ratificación no dependerá únicamente de la voluntad política, sino también de cómo se enmiendan los riesgos económicos y sociales involucrados.

Por último, el aspecto ambiental se ha consolidado como el talón de Aquiles del nuevo acuerdo. El Mercosur contiene ecosistemas estratégicos, como el Amazonas, cuya preservación requiere que las actividades productivas se ajusten a estándares de sostenibilidad. Aunque la revisión del capítulo de desarrollo sostenible en 2024 abordó esta cuestión, persiste la incertidumbre en países y sectores de la UE sobre la insuficiencia de sanciones ante posibles incumplimientos.

Las exigencias del Pacto Verde Europeo, que incluyen regulaciones como la Ley de Restauración de la Naturaleza y el Reglamento de Deforestación Cero, actúan como requisitos clave. Mientras que para los exportadores sudamericanos representan barreras comerciales, para la UE son condiciones innegociables. En consecuencia, la cuestión ambiental deja de ser un aspecto técnico para convertirse en un factor decisivo, ya que sin la convergencia entre las prácticas productivas y la sostenibilidad ambiental, la ratificación se vuelve incierta.

Perspectivas a futuro

La puesta en vigor del Acuerdo de Asociación dependerá de la superación de los desafíos y las resistencias identificadas. Sin embargo, la actual coyuntura mundial está generando incentivos sin precedentes para que el acuerdo avance. El regreso de Donald Trump y su agenda proteccionista en Estados Unidos, la guerra en Ucrania y la competencia estratégica con China reconfiguran las prioridades globales, otorgando a la ratificación un valor estratégico.

Finalmente, la implementación del Acuerdo no sólo refleja una decisión comercial, sino un compromiso de ambas regiones con un orden internacional basado en normas, cooperación y sostenibilidad. De este modo, el interregionalismo se consolida como una herramienta clave para proyectar a Europa y América del Sur como actores capaces de afrontar los desafíos globales de manera coordinada y con una visión a largo plazo.

The relationship between the European Union (EU) and Latin America and the Caribbean (LAC) has consolidated itself as a partnership that combines political cooperation, economic dialogue, and trade agreements. Between 2023 and 2025, the EU resumed its rapprochement toward LAC: the treaty with Mexico was renewed, the modernization of the agreement with Chile entered into force, and an Association Agreement with Mercosur was reached, integrating these processes into the Global Gateway strategy as a framework for cooperation and investment.

This recent progress is sustained by the complementarity between both regions. However, turning these agreements into concrete results largely depends on overcoming remaining challenges, particularly the ratification of the treaty with Mercosur, which faces political, regulatory, and economic hurdles.

Inter-regionalism as a strategic key

After more than twenty years of negotiations, at the 2019 G20 Summit, Mercosur and the EU reached an Agreement in Principle on the terms of the trade pillar, which was complemented a year later with chapters on political dialogue and cooperation. However, criticisms and disagreements, particularly regarding environmental and sustainability clauses, prolonged the process until the Mercosur Summit of December 2024, where both parties signed the Association Agreement.

Historic due to its size and thematic breadth, it exhibits great opportunities by allowing the integration of two markets that, combined, represent one-third of global trade and a market of 778 million inhabitants. With the purpose of diversifying exports and attracting investments, the Association Agreement drives trade liberalization through the progressive reduction of tariff barriers. At the same time, it incorporates commitments in areas such as trade in services, intellectual property, and sustainable development, consolidating a stable framework for both parties to strengthen their strategic autonomy and expand their margins of action.

Beyond the economic implications, the agreement carries significant political and symbolic value. Both blocs, despite differences in their nature, structure, and ambitions, have sustained a bond since the 1990s united by shared identities and values, such as a commitment to democracy, human rights, and sustainable development. In this sense, the Association Agreement reaffirms that will to cooperate and projects a common convergence in the face of an international order characterized by growing geopolitical tensions.

Challenges for ratification

Although the signing of the Agreement in 2024 represented a substantial step forward, the ratification process has not yet materialized. In addition to translations, both blocs must complete their internal political and legal processes for the agreement to enter into force. However, the obstacles transcend the legal sphere, as the agreement has sparked protests and reluctance from specific States and sectors.

In the European arena, resistance from countries like France, Poland, and the Netherlands reflects concerns regarding fair competition against Mercosur producers. These objections point out that South American production is not subject to the same regulatory standards, which reduces production costs. Furthermore, the proposed tariff exemption in the agreement would allow its products to enter the European market at lower prices, increasing their competitiveness. Taken together, these controversies reflect the limits of an inter-regional scheme that seeks to liberalize trade without addressing the vulnerability of local producers.

In Mercosur, conversely, an optimistic view predominates regarding the benefits of a potential increase in agricultural exports. Nevertheless, civil society sectors warn about possible detrimental effects, such as the reduction of possibilities for productive development and the reinforcement of a regressive specialization. These divergences reinforce the complexity of the agreement and underscore that ratification will depend not only on political will, but also on how the involved economic and social risks are amended.

Finally, the environmental aspect has consolidated itself as the Achilles' heel of the new agreement. Mercosur contains strategic ecosystems, such as the Amazon, whose preservation requires productive activities to adjust to sustainability standards. Although the revision of the sustainable development chapter in 2024 addressed this issue, uncertainty persists in EU countries and sectors regarding the insufficiency of sanctions in the face of potential non-compliance.

The requirements of the European Green Deal, which include regulations such as the Nature Restoration Law and the Deforestation-Free Regulation, act as key prerequisites. While they represent trade barriers for South American exporters, for the EU they are non-negotiable conditions. Consequently, the environmental issue ceases to be a technical aspect and becomes a decisive factor, since without convergence between productive practices and environmental sustainability, ratification remains uncertain.

Future perspectives

The entry into force of the Association Agreement will depend on overcoming the identified challenges and resistance. However, the current global juncture is generating unprecedented incentives for the agreement to move forward. The return of Donald Trump and his protectionist agenda in the United States, the war in Ukraine, and the strategic competition with China are reconfiguring global priorities, granting a strategic value to ratification.

Ultimately, the implementation of the Agreement reflects not just a commercial decision, but a commitment by both regions to an international order based on rules, cooperation, and sustainability. In this way, inter-regionalism consolidates itself as a key tool to project Europe and South America as actors capable of tackling global challenges in a coordinated manner and with a long-term vision.

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