Centro de Estudios Interdisciplinarios para el Desarrollo Center for Interdisciplinary Development Studies
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EconomíaEconomics

El costo de buscar trabajo

The Cost of Looking for Work

PublicadoPublished 10 sep 2025 · 5 min

El mercado laboral actual muestra signos de estancamiento, con procesos de selección más largos y exigentes que se conforman como un nuevo mecanismo de gestión de la incertidumbre. El uso de nuevas tecnologías trasladó los costos de esta inestabilidad a los candidatos, quienes deben adecuar su perfil a los desiguales estándares del mercado laboral. ¿Hasta qué medida puede hablarse de una crisis en el modelo de trabajo y cuál es su impacto en los trabajadores?

The current labor market shows signs of stagnation, with longer and more demanding selection processes shaping a new mechanism for managing uncertainty. The use of new technologies has shifted the costs of this instability onto the candidates, who must adapt their profiles to the unequal standards of the job market. To what extent can we speak of a crisis in the work model, and what is its impact on workers?

"En los últimos tres meses envié 513 solicitudes de empleo. Cambié y optimicé mi currículum en más de una ocasión, siguiendo las técnicas más novedosas de reclutamiento. A pesar de esto, las empresas con las que mantuve entrevistas pueden ser contadas con los dedos de una mano, y menos del 10% realizó algún tipo de devolución o seguimiento sobre el estado del proceso". Esta anécdota no es un caso aislado, sino que es una muestra de la condición actual de un mercado laboral saturado.

Redes de incertidumbre

La posibilidad de acceder a un trabajo o cambiarlo por otro choca con una realidad de estancamiento. Se trata de un fenómeno que avanza en paralelo al aumento de la desocupación en la Argentina, junto a una desaceleración regional tras la pandemia. Este proceso genera obstáculos para proyectar un horizonte estable, poniendo en duda la idea del trabajo como una garantía de movilidad social ascendente.

La crudeza de los procesos de selección es el resultado de un modelo laboral cuya perspectiva de empleo se volvió cada vez más limitada. Esta situación se vuelve más problemática al considerar que incluso los graduados universitarios encuentran dificultades para conseguir trabajo. La fragilidad del esquema laboral no radica en la falta de formación en la oferta de candidatos, sino en la incapacidad del sistema para absorberlos. Esta inestabilidad no es percibida como una circunstancia transitoria, sino como parte constitutiva de la existencia del mercado laboral.

Esta tendencia redunda en una extensión en la duración y la complejidad de los procesos de selección, con nuevas formas de administración del tiempo y los recursos humanos. La utilización intensiva de plataformas como LinkedIn y el aumento de los sistemas automatizados de reclutamiento acaban siendo herramientas de gestión de la incertidumbre. Al mismo tiempo en que buscan acortar los tiempos de intermediación y establecen una manera de democratizar el acceso al empleo, estos medios generan nuevas dinámicas de competencia y vulnerabilidad entre los trabajadores.

El aumento relativo de las postulaciones en línea en portales de empleo llevó al surgimiento de nuevas prácticas de selección. Se realizan prácticas no remuneradas durante el proceso de selección, búsquedas fantasmas para alimentar bases de datos internas. La generalización de estas prácticas es la expresión de que, lejos de colapsar, el modelo de empleo actual se consolida a través de las nuevas tecnologías, configurando a la incertidumbre como rasgo estructural del mercado de trabajo.

La falta de oportunidades laborales se suma al ghosting como moneda corriente en los procesos de selección. Esto empuja a muchos trabajadores a trayectorias de contratación informal como el único recurso disponible para generar ingresos corrientes. Así, se produce una creciente percepción de imposibilidad de acceder a un trabajo estable, incluso entre quienes cumplen con la totalidad de requisitos para los puestos solicitados.

El impacto en los trabajadores

La admisión a un empleo no depende únicamente de la formación o la experiencia, también de la capacidad para sortear satisfactoriamente distintas pruebas a lo largo del proceso de reclutamiento. El candidato debe optimizar su currículum para superar filtros automatizados (ATS) y cargarlo en plataformas online. También puede responder pruebas que poco tienen que ver con el puesto y estancarse en procesos de selección que pueden extenderse durante meses. Muchas de estas técnicas de reclutamiento funcionan más como filtros de descarte que como instancias genuinas de evaluación de los trabajadores.

El tiempo y las expectativas depositadas en cada postulación se convierten en un costo que asumen los propios candidatos. En tanto los reclutadores evalúan y seleccionan, los postulantes deben demostrar sus cualidades en forma constante, aún sin garantías. Además del tiempo invertido, el trabajador debe actualizarse permanentemente en nuevas “técnicas de empleabilidad”: cursos de armado de currículums, el pago de membresías en plataformas de selección para “mejorar su visibilidad”. La búsqueda se torna un trabajo en sí mismo, en el marco de una carrera por presentarse mejor en pocas líneas.

Algoritmos de exclusión

La utilización activa de inteligencia artificial en la búsqueda de personal redefinió los métodos de selección. Cada vez más reclutadores utilizan herramientas de filtrado automático o chatbots que obstaculizan el espacio para un intercambio genuino. Esta intermediación, lejos de ser neutral, introduce nuevos sesgos.

Los procesos de selección son excluyentes en la medida en que limitan las posibilidades de contratación de quienes no cuentan con la expertise necesaria para adaptarse a estos estándares. Los trabajadores que no encajan en los patrones algorítmicos predeterminados, por edad, trayectoria profesional o por no haber incluido la palabra clave correcta preestablecida para la búsqueda solicitada, acaban siendo rechazados por defecto.

La automatización también tiene un impacto directo en la calidad y el volumen de los puestos de trabajo disponibles. La progresiva incorporación de tecnologías en las empresas permite prescindir de trabajos administrativos o logísticos, reduciendo la demanda de empleos tradicionales. En este contexto laboral de menor creación de empleo, la competencia se intensifica. La obtención de un empleo depende en mayor medida de la capacidad de un candidato para dar respuesta a un esquema laboral que exige una adaptación constante.

Si no asistimos a una crisis en el modelo de empleo, sino a su consolidación en el marco de la modernización tecnológica y digital, cabe preguntarse cuál debe ser el lugar a desempeñar por las políticas públicas para revertir esta tendencia. No se trata sólo de acompañar esta transición, también es necesario garantizar mecanismos que no profundicen esta dinámica asimétrica en el campo laboral.

Normalizar la incertidumbre como parte de las reglas del juego impacta en las trayectorias profesionales y perpetúa un horizonte de desigualdad. El riesgo está en que la falta de empleo se vivencie como un problema personal o profesional, y no como el resultado de un sistema que administra la incertidumbre en su beneficio. El modelo de trabajo actual se afirma porque convierte la ansiedad, el tiempo y la dedicación de los trabajadores en un insumo gratuito para las empresas.

"In the last three months, I sent 513 job applications. I changed and optimized my resume on more than one occasion, following the newest recruitment techniques. Despite this, the companies with which I held interviews can be counted on the fingers of one hand, and less than 10% provided any type of feedback or follow-up on the status of the process." This anecdote is not an isolated case, but rather a token of the current condition of a saturated labor market.

Networks of Uncertainty

The possibility of accessing a job or changing it for another clashes with a reality of stagnation. This is a phenomenon that advances in parallel with the increase in unemployment in Argentina, alongside a regional slowdown following the pandemic. This process generates obstacles to projecting a stable horizon, calling into question the idea of work as a guarantee of upward social mobility.

The harshness of selection processes is the result of a labor model whose employment perspective has become increasingly limited. This situation becomes more problematic when considering that even university graduates find difficulties in securing a job. The fragility of the labor scheme does not lie in a lack of training within the supply of candidates, but in the system's inability to absorb them. This instability is not perceived as a transitory circumstance, but as a constitutive part of the labor market's existence.

This trend results in an extension of the duration and complexity of selection processes, involving new ways of managing time and human resources. The intensive use of platforms like LinkedIn and the rise of automated recruitment systems end up serving as tools for managing uncertainty. While they seek to shorten intermediation times and establish a way to democratize access to employment, these means generate new dynamics of competition and vulnerability among workers.

The relative increase in online applications on job portals led to the emergence of new selection practices. Unpaid trials are conducted during the selection process, alongside ghost postings used to feed internal databases. The generalization of these practices is an expression that, far from collapsing, the current employment model consolidates itself through new technologies, shaping uncertainty as a structural feature of the labor market.

The lack of labor opportunities is compounded by ghosting as common currency in selection processes. This pushes many workers toward informal employment trajectories as the only available resource to generate current income. Thus, a growing perception of the impossibility of accessing a stable job is produced, even among those who meet the entirety of the requirements for the requested positions.

The Impact on Workers

Admission to a job does not depend solely on background or experience, but also on the capacity to successfully navigate various tests throughout the recruitment process. The candidate must optimize their resume to bypass automated filters (ATS) and upload it to online platforms. They may also have to answer tests that have little to do with the position and stall in selection processes that can extend for months. Many of these recruitment techniques function more as elimination filters than as genuine instances of worker evaluation.

The time and expectations deposited into each application become a cost assumed by the candidates themselves. While recruiters evaluate and select, applicants must constantly demonstrate their qualities, even without guarantees. In addition to the time invested, the worker must permanently update themselves on new “employability techniques”: courses on resume writing, or paying for memberships on selection platforms to “improve their visibility.” The search becomes a job in itself, within the framework of a race to present oneself better in just a few lines.

Algorithms of Exclusion

The active utilization of artificial intelligence in personnel recruitment has redefined selection methods. More and more recruiters use automated filtering tools or chatbots that hinder the space for a genuine exchange. This intermediation, far from being neutral, introduces new biases.

Selection processes are exclusionary to the extent that they limit the hiring possibilities of those who do not possess the necessary expertise to adapt to these standards. Workers who do not fit into predetermined algorithmic patterns—due to age, professional trajectory, or simply not having included the correct pre-established keyword for the requested search—end up being rejected by default.

Automation also has a direct impact on the quality and volume of available jobs. The progressive incorporation of technologies into companies allows them to dispense with administrative or logistical tasks, reducing the demand for traditional jobs. In this labor context of lower job creation, competition intensifies. Obtaining employment depends to a greater extent on a candidate's ability to respond to a labor scheme that demands constant adaptation.

If we are not witnessing a crisis in the employment model, but rather its consolidation within the framework of technological and digital modernization, it is worth asking what role public policies should play to reverse this trend. It is not just about accompanying this transition; it is also necessary to guarantee mechanisms that do not deepen this asymmetric dynamic in the labor field.

Normalizing uncertainty as part of the rules of the game impacts professional trajectories and perpetuates a horizon of inequality. The risk is that the lack of employment is experienced as a personal or professional failure, and not as the result of a system that manages uncertainty to its own benefit. The current work model asserts itself because it converts the anxiety, time, and dedication of workers into a free input for companies.

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