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Política InternacionalInternational Affairs

El doble juego diplomático del rechazo argentino al BRICS

The Diplomatic Double Game of Argentina’s Rejection of BRICS

PublicadoPublished 14 ago 2026 · 3 min

Mientras el rechazo argentino de la invitación para ingresar al BRICS podría sugerir, entre otras explicaciones, un alineamiento directo con Estados Unidos, un análisis riguroso permite encuadrar esta decisión a través del concepto de aquiescencia. Bajo esta lógica, la estrategia argentina podría leerse como un “doble juego”, donde se busca por un lado evitar el costo político y simbólico de integrar un bloque percibido por Occidente como revisionista. Por otro lado, Argentina jugaría confiando en que la interdependencia comercial con China y Brasil imposibilita un aislamiento económico, amortiguando las pérdidas.

While the Argentine rejection of the invitation to join BRICS could suggest, among other explanations, a direct alignment with the United States, a rigorous analysis allows this decision to be framed through the concept of acquiescence. Under this logic, the Argentine strategy could be read as a “double game,” seeking on the one hand to avoid the political and symbolic cost of joining a bloc perceived by the West as revisionist. On the other hand, Argentina would act on the premise that commercial interdependence with China and Brazil precludes economic isolation, thereby cushioning losses.

Las relaciones internacionales contemporáneas se caracterizan por el declive de la hegemonía estadounidense y el surgimiento de China como actor central en el rediseño del multilateralismo. En este marco, el BRICS ha logrado consolidarse como una plataforma clave para el desarrollo de relaciones de cooperación por fuera de las condiciones impuestas por las potencias tradicionales.

El rechazo argentino de la invitación para ingresar al grupo en 2023 podría ser interpretado, entre otras posibles explicaciones, como un alineamiento directo con Estados Unidos. No obstante, la lectura de la situación cambia cuando la analizamos desde la lógica de la aquiescencia.

Esta lógica describe una estrategia de política exterior muchas veces presente en América Latina, que surge de la condición subordinada de la región en el sistema internacional y de su pertenencia al área de influencia de Estados Unidos. De esta manera, el deseo de prevenir costos diplomáticos lleva a los estados periféricos a aceptar el juego del “poder más fuerte”, en lugar de resistirlo o cuestionarlo. Pero la aquiescencia no implica sumisión total, lo que implica es aceptar el liderazgo hegemónico para evitar sanciones, costos o represalias.

En este contexto también entraría en juego la coincidencia respecto a valores ideológicos del actual gobierno argentino con los principios orientadores de la política estadounidense (como pueden ser el compromiso con la democracia liberal y el libre mercado) que aportan mayor impulso al acercamiento.

Para un Estado periférico y financieramente vulnerable como la Argentina, unirse a este bloque podría acarrear costos simbólicos innecesarios. Esto se debe a que en el BRICS convergen actores que, bajo la visión estadounidense, buscan alterar la distribución del poder mundial para imponer sus propios intereses. De esta forma, la estrategia argentina puede interpretarse desde el objetivo de neutralizar desconfianzas. Siguiendo esta meta, el gesto simbólico de rechazar la invitación al bloque podría funcionar como un mecanismo para evitar hacer frente directo a una potencia cuyo respaldo todavía es necesario en foros financieros internacionales.

Más allá del plano simbólico, dos de los principales socios comerciales de Argentina componen el BRICS, y es aquí donde podríamos identificar un “doble juego” en la estrategia del rechazo. Tanto Brasil como China representan pilares fundamentales de la economía argentina, dado que los dos países representan el 44% del total de las importaciones argentinas de bienes.

Por un lado, Brasil es el socio estratégico fundamental en la región y es el destino principal de las exportaciones industriales argentinas. Por otro lado, China constituye el mercado primario clave para el sector agroexportador y opera como proveedor crítico de financiamiento de infraestructura y liquidez a través del swap de monedas en momentos de estrés financiero.

El “doble juego” opera allí donde la interdependencia económica con dichas potencias podría permitir adoptar una postura diplomática y política que no afecte al mercado. Siguiendo esta misma línea, se hace visible la utilidad específica del concepto de aquiescencia para el análisis. Esta perspectiva no busca atribuir al gobierno argentino una planificación estratégica infalible. En cambio, la lógica de la aquiescencia nos permite desarrollar una explicación donde Argentina se acopla a Estados Unidos en el plano simbólico, bajo la hipótesis de que la interdependencia económica podría evitar las pérdidas materiales significativas. El “doble juego” respaldado en esta lógica se trataría entonces de una respuesta frente a las restricciones estructurales que enfrenta un Estado periférico.

En última instancia, la decisión argentina revela la posibilidad de una explicación más compleja que la simple subordinación al gigante norteamericano. Entre tantas posibles explicaciones, la aquí presentada propone una donde la decisión argentina puede interpretarse como un intento de enviar “guiños” simbólicos sin renunciar a los vínculos materiales que sostienen la economía nacional. Jugando entre estos dos planos, el caso argentino evidencia los límites a los que muchos Estados se enfrentan a la hora de definir su inserción internacional en un mundo cada vez más interdependiente y cambiante.

Contemporary international relations are defined by the relative decline of U.S. hegemony and the rise of China as a pivotal player reshaping multilateralism. Within this shifting architecture, BRICS has successfully established itself as a crucial platform for cooperation outside the frameworks dictated by traditional Western powers.

Argentina’s 2023 rejection of the invitation to join the bloc could readily be interpreted as an overt alignment with Washington. However, the perspective shifts significantly when analyzed through the lens of acquiescence.

This analytical framework describes a foreign policy strategy frequently observed across Latin America, originating from the region’s subordinate position within the international system and its historical location within the U.S. sphere of influence. Consequently, the imperative to preempt diplomatic friction compels peripheral states to accommodate the prevailing superpower rather than contest it. Yet, acquiescence does not imply unconditional submission; rather, it entails deferring to hegemonic leadership to avert diplomatic fallout, retaliatory measures, or material penalties.

Within this framework, the ideological convergence between the current Argentine administration and core U.S. foreign policy principles—such as a commitment to liberal democracy and free markets—reinforces this diplomatic rapprochement. For a peripheral, financially vulnerable state like Argentina, formally entering BRICS could incur unnecessary symbolic liabilities. The bloc encompasses key actors who, from Washington’s vantage point, seek to alter the global balance of power to project their own interests. Thus, Buenos Aires' strategy can be understood as an attempt to neutralize mistrust. In this light, rejecting the invitation operates as a calculated symbolic gesture designed to avoid friction with a superpower whose institutional backing remains critical in international financial forums.

Beyond the realm of geopolitical symbolism, two of Argentina’s primary trade partners are founding members of BRICS—and it is precisely here that the “double game” becomes evident. Brazil and China are cornerstone partners for the Argentine economy, jointly accounting for approximately 44% of the country’s total merchandise imports.

On the one hand, Brazil represents Argentina’s indispensable regional partner and the primary export market for its manufactured industrial goods. On the other, China serves as the vital destination for agricultural exports, while functioning as an indispensable source of infrastructure financing and critical liquidity via the bilateral currency swap during periods of acute balance-of-payments pressure.

The “double game” functions under the assumption that deep commercial interdependence with these powers creates sufficient insulation to adopt an assertive political stance without disrupting underlying market fundamentals. Herein lies the analytical strength of the acquiescence framework: it does not assume an infallible strategic master plan by the Argentine government. Instead, it explains how Argentina aligns symbolically with the United States under the calculated premise that structural economic ties will absorb and cushion potential material losses. Supported by this logic, the “double game” emerges as an adaptive response to the structural constraints inherent to a peripheral state.

Ultimately, Argentina’s foreign policy choice reflects an equation far more intricate than outright subordination to Washington. Among multiple interpretations, the perspective presented here frames the decision as a maneuver to signal ideological alignment in the symbolic sphere while safeguarding the material foundations that sustain the domestic economy. Navigating between these two dimensions, the Argentine case illustrates the structural constraints and dilemmas faced by peripheral states as they calibrate their global positioning within an increasingly fragmented, interdependent international order.

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