Giro electoral canadiense: el efecto Trump
Canadian electoral shift: the Trump effect
La reelección de Donald Trump reconfiguró no solo la política interna de EE.UU., sino también el tablero electoral canadiense. Victoria Farina analiza cómo el endurecimiento comercial, los comentarios que cuestionaron la soberanía canadiense y la retórica confrontativa del nuevo presidente norteamericano obligaron a los partidos canadienses a replantear sus campañas. Entre tensiones por el T-MEC, aranceles recíprocos y un cambio abrupto en la agenda pública, Canadá encontró en Mark Carney un liderazgo dispuesto a defender su autonomía frente a Washington.
Donald Trump's reelection reconfigured not only U.S. domestic politics but also the Canadian electoral board. Victoria Farina analyzes how trade hardening, comments questioning Canadian sovereignty, and the confrontational rhetoric of the new U.S. president forced Canadian parties to rethink their campaigns. Amid tensions over the USMCA, reciprocal tariffs, and an abrupt change in the public agenda, Canada found in Mark Carney a leadership willing to defend its autonomy against Washington.
Aunque la relación con EE.UU. marcó la campaña, Canadá enfrentaba simultáneamente un escenario político inestable. Las principales preocupaciones de los votantes eran el aumento del costo de vida (55 %), la debilidad estructural de la economía (76 %) y el descontento con las políticas migratorias (18 %). En este contexto, Pierre Poilievre, líder del Partido Conservador de Canadá y principal figura de la oposición, centró su campaña en la economía. Propuso controlar la inflación y recortar impuestos, lo que le permitió liderar los sondeos con hasta 25 puntos de ventaja.
Paralelamente, la popularidad del gobierno liberal alcanzó su punto más bajo: solo el 28 % de los canadienses aprobaba la gestión de Justin Trudeau, mientras que el 56 % consideraba que debía renunciar. Esta tendencia se aceleró con la dimisión de la ministra de Finanzas, Chrystia Freeland, quien lo acusó de emplear “costosos trucos políticos” con dinero público. La combinación de estos factores condujo a que, en enero, Trudeau anunciara su renuncia como primer ministro y como jefe del Partido Liberal.
Como sucesor, el partido eligió a Mark Carney, un economista con reconocida trayectoria internacional, que asumió el 14 de marzo. Al no formar parte de la administración saliente, representaba una alternativa que no rompía con la continuidad partidaria.
Trump se quejó de que el USMCA (Tratado entre México, EE.UU. y Canadá), que regula el libre comercio entre estos países, no protegía los intereses estadounidenses. Estas quejas se enmarcaron, por un lado, en la necesidad de combatir el contrabando de fentanilo —argumentando que México y Canadá no habían tomado medidas suficientes para detener el flujo de esa droga hacia EE.UU.— y, por otro, en el déficit comercial con Canadá, en gran medida por la importación de energía y materias primas. En consecuencia, en el “Día de la Liberación” anunció un aumento del 25 % en los aranceles a productos canadienses clave, como automóviles, acero y aluminio, y del 10 % a las importaciones energéticas.
Sin embargo, tras conversaciones entre ambos gobiernos, se acordó una pausa de 30 días en la entrada en vigor de dichos aranceles. Durante ese tiempo, el gobierno canadiense se comprometió a redoblar sus esfuerzos para enfrentar la crisis del fentanilo. Pasado el plazo, los aranceles fueron implementados, lo que agravó el estancamiento económico y el aumento del costo de vida. Por consiguiente, Canadá anunció que impondría aranceles del 25 % sobre 155.000 millones de dólares en bienes estadounidenses mientras los gravámenes permanecieran vigentes.
Pocas semanas después de la llegada de Trump al poder, los sondeos comenzaron a reflejar un giro en las prioridades electorales, que pasaron a centrarse en responder al nuevo escenario geopolítico. No se trataba solamente de las consecuencias económicas derivadas de los aranceles, sino también del estilo confrontativo de Trump. Particularmente, por sus reiteradas alusiones a Canadá como el “Estado 51” de EE.UU. y a Trudeau como su “gobernador”, insinuando una subordinación a los intereses de Washington. Estas expresiones fueron percibidas como una amenaza a la soberanía canadiense y generaron un contundente rechazo de todos los líderes partidarios.
Más allá de las diferencias ideológicas, los principales partidos coincidieron en la necesidad de fortalecer la autonomía nacional frente a la influencia estadounidense. Por consiguiente, las campañas comenzaron a destacar temas como la independencia energética, la diversificación comercial y los valores nacionales.
Por otro lado, Poilievre, quien lideraba las encuestas a principios de año, mostró cierta cercanía con el estilo y la retórica de Trump. No obstante, el creciente rechazo al mandatario norteamericano lo obligó a moderar su discurso. Aunque evitó alinearse con él, tampoco lo condenó. En tanto, Carney adoptó una postura firme en defensa de la soberanía canadiense, denunciando públicamente las provocaciones de Trump y rechazando abiertamente los aranceles. Promovió una agenda centrada en la autonomía económica y la protección de los valores nacionales ante presiones externas, logrando capitalizar las preocupaciones del electorado y posicionarse como un líder capaz de enfrentar los desafíos externos.
A pesar de que las encuestas iniciales proyectaban una ventaja conservadora, la falta de una postura clara frente a Trump llevó a Poilievre a la derrota y a la pérdida de su escaño en Ontario. El resultado evidenció el triunfo del Partido Liberal, aunque insuficiente para conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento. Esto obligará al gobierno a buscar apoyo legislativo para aprobar leyes y el presupuesto. Sin embargo, no es un escenario desconocido, pues los liberales ya han gobernado dos mandatos sin mayoría, con el respaldo de pequeños partidos como el Verde y el Nuevo Partido Democrático. En definitiva, podría decirse que la elección de Trump actuó como un catalizador externo que reordenó el escenario político canadiense.
Although the relationship with the U.S. marked the campaign, Canada was simultaneously facing an unstable political scenario. The main concerns of voters were the rising cost of living (55%), the structural weakness of the economy (76%), and discontent with immigration policies (18%). In this context, Pierre Poilievre, leader of the Conservative Party of Canada and the main opposition figure, focused his campaign on the economy. He proposed controlling inflation and cutting taxes, which allowed him to lead the polls by up to 25 points.
At the same time, the liberal government's popularity reached its lowest point: only 28% of Canadians approved of Justin Trudeau's administration, while 56% believed he should resign. This trend accelerated with the resignation of Finance Minister Chrystia Freeland, who accused him of using "costly political tricks" with public money. The combination of these factors led to Trudeau announcing his resignation as prime minister and head of the Liberal Party in January.
As his successor, the party chose Mark Carney, an economist with a recognized international career, who took office on March 14. As he was not part of the outgoing administration, he represented an alternative that did not break with party continuity.
Trump complained that the USMCA (United States-Mexico-Canada Agreement), which regulates free trade between these countries, did not protect U.S. interests. These complaints were framed, on one hand, by the need to combat fentanyl smuggling—arguing that Mexico and Canada had not taken sufficient measures to stop the flow of that drug into the U.S.—and, on the other, by the trade deficit with Canada, largely due to the import of energy and raw materials. Consequently, on "Liberation Day," he announced a 25% increase in tariffs on key Canadian products, such as automobiles, steel, and aluminum, and 10% on energy imports.
However, after conversations between both governments, a 30-day pause was agreed upon regarding the entry into force of those tariffs. During that time, the Canadian government committed to redoubling its efforts to address the fentanyl crisis. After the deadline passed, the tariffs were implemented, which aggravated the economic stagnation and the increase in the cost of living. Consequently, Canada announced that it would impose 25% tariffs on $155 billion of U.S. goods while the levies remained in effect.
A few weeks after Trump's arrival in power, the polls began to reflect a shift in electoral priorities, which began to focus on responding to the new geopolitical scenario. It was not just about the economic consequences derived from the tariffs, but also Trump's confrontational style. Particularly, due to his repeated allusions to Canada as the "51st State" of the U.S. and to Trudeau as his "governor," implying a subordination to Washington's interests. These expressions were perceived as a threat to Canadian sovereignty and generated strong rejection from all party leaders.
Beyond ideological differences, the main parties agreed on the need to strengthen national autonomy against U.S. influence. Consequently, campaigns began to highlight issues such as energy independence, trade diversification, and national values.
On the other hand, Poilievre, who led the polls at the beginning of the year, showed a certain closeness to Trump's style and rhetoric. However, the growing rejection of the U.S. president forced him to moderate his discourse. Although he avoided aligning himself with him, he did not condemn him either. Meanwhile, Carney adopted a firm stance in defense of Canadian sovereignty, publicly denouncing Trump's provocations and openly rejecting the tariffs. He promoted an agenda focused on economic autonomy and the protection of national values in the face of external pressures, managing to capitalize on the electorate's concerns and positioning himself as a leader capable of facing external challenges.
Although initial polls projected a Conservative advantage, the lack of a clear stance regarding Trump led Poilievre to defeat and the loss of his seat in Ontario. The result evidenced the triumph of the Liberal Party, although insufficient to achieve an absolute majority in Parliament. This will force the government to seek legislative support to pass laws and the budget. However, it is not an unknown scenario, as the Liberals have already governed for two terms without a majority, with the backing of small parties such as the Green and the New Democratic Party. In short, it could be said that Trump's election acted as an external catalyst that reordered the Canadian political landscape.