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Política InternacionalInternational Affairs

Prisioneros del presupuesto: asimetrías espaciales y esfuerzo fiscal en la defensa de la UE

Prisoners of the Budget: Spatial Asymmetries and Fiscal Effort in EU Defense

Frente al récord de gasto militar en la Unión Europea impulsado por el conflicto en el este, el análisis espacial de los presupuestos revela una marcada fragmentación territorial. ¿Cómo influye la proximidad geográfica en las prioridades de defensa de los Estados miembros y qué desafíos plantea esta brecha para consolidar una estrategia comunitaria integrada?

Against the backdrop of record-high defense spending in the European Union driven by the conflict in the east, a spatial analysis of national budgets reveals a stark territorial fragmentation. How does geographic proximity shape the defense priorities of member states, and what challenges does this divide pose for building an integrated EU strategy?

En un escenario internacional marcado por el retorno de la competencia geopolítica y el aumento de las amenazas a la seguridad, la Unión Europea (UE) ha comenzado a reforzar su capacidad de defensa. En su famoso libro Prisioneros de la geografía, Tim Marshall aporta un concepto de geopolítica que resulta sumamente útil a la hora de analizar esta situación. Marshall inicia su análisis planteando que la dimensión geográfica es a menudo la más olvidada y que, pese a no ser la predominante, es preciso traerla a colación para el análisis propuesto. El autor plantea que la geopolítica analiza los asuntos internacionales contemplando los aspectos netamente geográficos del asunto. Esto no se limita a características físicas, como las barreras naturales o las conexiones fluviales, sino que también incluye rasgos demográficos, culturales y de acceso a recursos naturales.

La guerra entre Rusia y Ucrania, junto con la creciente preocupación de los Estados miembros ubicados en Europa del Este, ha impulsado un aumento sostenido del gasto militar y de la inversión en armamento. Esta tendencia se refleja en que, en 2025, el gasto en defensa de la UE alcanzó los €418 mil millones, equivalentes al 2,2% de su PBI agregado, mientras que 23 de sus 27 Estados miembros superaron el umbral del 2%. Así, aunque la UE continúa proyectando su influencia principalmente mediante instrumentos de soft power, la coyuntura actual evidencia una creciente necesidad de complementar este poder con capacidades de defensa propias. Además, la Agencia Europea de Defensa (EDA, por sus siglas en inglés) proyecta que el gasto podría alcanzar los €454 mil millones en 2026, equivalente al 2,4% del PBI.

La distribución geográfica del gasto en defensa

En cierto sentido, si hablamos de territorio en disputa —ese emplazamiento físico en el que se asientan los países—, también podemos hablar de territorialidad. La territorialidad, en los términos de Sack y Escolar, se entiende como el acto o la intencionalidad de moldear, incidir o regular tanto la conducta humana como los procesos sociopolíticos mediante el establecimiento de límites y la ordenación del espacio. La UE, como bloque, es una entidad que ejerce la territorialidad de una manera muy particular, puesto que expande sus límites incorporando nuevos miembros e incentivando a los Estados a formar parte de ese espacio común. Así, la política de defensa también puede entenderse como una forma de organización del territorio europeo, ya que el fortalecimiento de las capacidades militares busca reforzar la seguridad de dicho espacio.

Esta dimensión puede observarse en el crecimiento de la inversión destinada a defensa. El incremento no se limita al volumen total de recursos, sino que también se refleja en la inversión en capacidades. En 2025, los Estados miembros destinaron €134 mil millones, equivalentes al 32,2% del gasto total en defensa, superando el objetivo (benchmark) del 20% establecido por la EDA. Estos datos evidencian una transformación presupuestaria sin precedentes a nivel comunitario. Sin embargo, el análisis agregado oculta tensiones estructurales profundas: ¿constituye este rearme un esfuerzo colectivo y homogéneo de la Unión, o responde a una fragmentación territorial donde la proximidad geográfica al conflicto dicta la urgencia presupuestaria de cada Estado? Al cruzar las variables fiscales con la dimensión espacial, el mapa europeo revela una profunda asimetría en quién asume el costo de la defensa y bajo qué prioridades estratégicas.

Gasto en defensa como porcentaje del PBI por Estado miembro, 2025. Fuente: elaboración propia con base en datos de la European Defence Agency (EDA), Defence Data 2025-2026.

Ahora bien, ¿todos los países aumentaron su esfuerzo defensivo de la misma manera? La respuesta es no. El crecimiento agregado del gasto en defensa de la Unión Europea muestra una marcada asimetría entre sus Estados miembros. Lejos de tratarse de un proceso homogéneo, el incremento del esfuerzo defensivo europeo puede caracterizarse teniendo en cuenta tres velocidades diferenciadas:

  • Aceleración estratégica en el flanco oriental y nórdico: los Estados con mayor proximidad geográfica a Rusia fueron quienes realizaron los incrementos más pronunciados. Entre 2021 y 2025, Polonia aumentó sus asignaciones presupuestarias en un 211%, Lituania en un 198,7%, Suecia en un 146,7% y Estonia en un 116,4%.
  • Crecimiento inercial o moderado en Europa occidental y del sur: otros Estados presentaron incrementos considerablemente menores o mantuvieron sus trayectorias presupuestarias; Austria aumentó su gasto un 63,7%, Francia un 27,3% e Irlanda un 24,2%.
  • Grandes economías en reconfiguración: las principales economías europeas también incrementaron significativamente su gasto en materia de defensa, aunque partiendo de situaciones presupuestarias diferentes; Alemania aumentó su gasto un 103,9%, España un 167,8% y Bélgica un 138,9%.

Si se analiza el mapa, se pueden identificar clusters o agrupamientos de valores similares. Hay países con valores de gasto alto rodeados de altos, Estados con valores de gasto bajo rodeados de bajos, valores bajos rodeados de altos y viceversa. El clúster de valores de gasto alto rodeados de altos, marcado por los tonos verdes, se conforma por Polonia y los Países Bálticos (Lituania, Letonia y Estonia). El de valores bajos rodeados de bajos, visualizado por la continuidad del color naranja, se forma por países de Europa Occidental y del Sur (Francia, España, Italia y Alemania). Luego, los valores bajos rodeados de altos se marcan por un caso atípico: Austria. Este país con bajo gasto está inmediatamente rodeado de países con valores más altos. Finalmente, un país con un gasto alto rodeado de otros con gasto bajo es Dinamarca. Presenta un tono verde claro (valor superior) rodeado por el mar y Alemania con valores inferiores (naranja). De esta manera, surgen patrones espaciales que luego se verifican al continuar el análisis estadístico.

Esta heterogeneidad resulta especialmente relevante desde la perspectiva realista de las Relaciones Internacionales. Desde dicho enfoque, los Estados continúan siendo los principales actores del sistema internacional y, frente a un escenario de mayor incertidumbre, tienden a priorizar su propia seguridad y capacidad de respuesta. De esta manera, el aumento del gasto europeo no responde únicamente a una decisión colectiva de la Unión, sino también a las perceptions nacionales diferenciadas sobre las amenazas y sobre la necesidad de incrementar las capacidades propias.

El gasto en defensa a través del esfuerzo relativo

Como se mencionó anteriormente, el gasto de los Estados no fue homogéneo, y esto puede observarse en el siguiente gráfico, el cual refleja la variación del gasto en defensa como porcentaje del PBI en los distintos países.

Evolución del gasto en defensa como porcentaje del PBI y variación entre 2021 y 2025. Fuente: elaboración propia con base en datos de la European Defence Agency (EDA), Defence Data 2025-2026.

El patrón muestra que los mayores incrementos relativos se concentran principalmente en aquellos Estados que perciben de manera más directa el deterioro del entorno de seguridad europeo. Sin embargo, aumentar el presupuesto no implica necesariamente el aumento en la misma proporción en la inversión en capacidades militares. Por ello, resulta necesario analizar también cómo se distribuyeron los nuevos recursos.

Relación entre el crecimiento del gasto total en defensa y el incremento de la inversión en defensa. Fuente: elaboración propia con base en datos de la European Defence Agency (EDA), Defence Data 2025-2026.

En ese sentido, existe una correlación lineal positiva de 0,73 entre el aumento del gasto total y el incremento de la inversión en defensa. Esto indica que la expansión presupuestaria reciente estuvo impulsada, en buena medida, por la obtención de equipamiento militar, sistemas de armas y otras adquisiciones. No obstante, la relación no fue uniforme entre los Estados miembros: Polonia constituyó uno de los casos más representativos al incrementar su inversión en un 357,7%, elevando la proporción de su presupuesto de defensa destinada a inversión del 34,5% al 50,8%. Otro caso similar fue España, que aumentó en un 414% su inversión, alcanzando una tasa del 44,2%. Por otro lado, se encuentra Bélgica, que si bien aumentó su gasto total un 189,9%, su inversión creció a un ritmo considerablemente menor (86,9%). Como consecuencia, la proporción destinada a inversión descendió del 17,2% al 13,4%, colocándose por debajo del umbral mínimo del 20% fijado por la EDA. Esta diferenciación tiene un carácter profundamente geográfico, puesto que responde a las dinámicas propias de cada Estado, con sus aspectos demográficos, culturales, sociales y económicos entrelazados. Dicho de otra manera, estas diferencias en el gasto cristalizan las diferencias de los Estados en tanto territorios.

Esta diferencia en la composición del gasto resulta interesante ya que un mayor presupuesto no necesariamente se traduce en un aumento equivalente de las capacidades estratégicas de un Estado. Mientras algunos parecen priorizar una transformación de sus capacidades militares, otros concentran el aumento presupuestario en sostener las capacidades existentes. Además, adquiere especial relevancia al considerar la dimensión institucional de la seguridad europea. El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea (TUE) establece una cláusula de asistencia mutua entre los miembros ante una agresión armada, expresando un compromiso común con la seguridad del conjunto de la Unión. Aun así, los datos muestran que este compromiso jurídico convive con una distribución desigual de las cargas defensivas. Por lo tanto, la existencia de una obligación de asistencia común no elimina las diferencias en las percepciones de amenaza ni en las prioridades nacionales de defensa, evidenciando una tensión entre la solidaridad institucional de la Unión y las distintas realidades estratégicas de sus Estados miembros.

Este aumento reciente representa una ruptura estructural. Si bien entre 2014 y 2021 la Unión Europea experimentó una recuperación progresiva del gasto en defensa tras los recortes asociados a la crisis de 2008, el período 2022-2025 muestra una aceleración de una magnitud significativamente mayor. Este cambio puede interpretarse como una modificación en las prioridades de seguridad de los Estados europeos: la guerra en Ucrania y la percepción de un escenario internacional más inestable llevaron a que la seguridad ocupe un lugar central en las agendas nacionales.

El gasto total pasó de 195 mil millones de euros en 2014 a 418 mil millones en 2025, con una proyección de 454 mil millones de euros para 2026. Asimismo, los Estados miembros que alcanzan o superan el 2% del PBI destinado a defensa pasaron de apenas 2 en 2017 y 7 en 2021 a 23 en 2025, según la evaluación de la EDA. A esto se suma que la inversión en equipamiento y desarrollo alcanzó los 134 mil millones de euros en 2025, más de tres veces el promedio de la década anterior. En términos realistas, este proceso puede entenderse como una respuesta ante la fuerte incertidumbre internacional, debido al aumento de las amenazas externas, los gobiernos buscan incrementar sus capacidades y reducir sus vulnerabilidades. Sin embargo, el caso europeo presenta una particularidad, ya que este fortalecimiento nacional ocurre simultáneamente dentro de un marco de cooperación e integración en materia de seguridad.

La composición del gasto en defensa

También podemos observar la magnitud del cambio en la composición del gasto. En 2025 se observa una correlación positiva entre el nivel de gasto como porcentaje del PBI y la proporción destinada a la inversión. Los Estados que realizan un mayor esfuerzo macroeconómico tienden a destinar una mayor parte de sus recursos a modernización y adquisición de capacidades: Polonia destinó el 50,8% de su presupuesto a inversión, Lituania el 46,7% y Finlandia el 43,7%. En contraste, Irlanda apenas destinó el 16,9% de su gasto a inversión.

Relación entre la tasa de inversión en defensa y el gasto en defensa como porcentaje del PBI, 2025. Fuente: elaboración propia con base en datos de la European Defence Agency (EDA), Defence Data 2025-2026.

Si pensamos en las fuerzas que impulsan a que el gasto se distribuya de esta manera, se observan varios factores. En primer lugar, se cumple la primera ley de Tobler, la cual plantea que las entidades cercanas tienden a parecerse más entre sí que las distantes, favoreciendo la formación de bloques Alto-Alto o Bajo-Bajo. También se ve un spillover effect. Los procesos económicos, sobre todo en una red tan integrada como lo es la UE, no se detienen en las fronteras nacionales. Las cadenas de suministro compartidas, el comercio transfronterizo y la infraestructura integrada provocan que el comportamiento de un país influya directamente en sus vecinos inmediatos. A su vez, Europa es una zona con una homogeneidad socioestructural e histórica; las regiones geográficamente contiguas suelen tener características sociales parecidas. Por ejemplo, la concentración de valores altos en el bloque del Este (Polonia y los Países Bálticos) suele reflejar dinámicas comunes.

¿Quién aporta volumen y quién acelera su esfuerzo?

Los patrones espaciales observados en el mapa encuentran su correlato en la estructura presupuestaria de los Estados miembros. Al cruzar el compromiso macroeconómico actual con la velocidad de reacción tras el punto de inflexión de 2022, la geografía deja de ser solo una cuestión de fronteras y se traduce en tres posturas estratégicas bien definidas:

  • Líderes de rearme y expansión acelerada (alto compromiso y fuerte aceleración): Agrupa al núcleo del flanco oriental y nórdico —Polonia (4,3% del PBI; +211%), Lituania (4,0%; +199%), Letonia (3,6%; +115%), Estonia (3,4%; +116%) y Suecia (2,5%; +147%)—, acompañado por economías occidentales que rompieron su inercia fiscal previa, como Alemania (2,4%; +104%), Países Bajos (2,3%; +120%), España (2,0%; +168%) y Bélgica (2,0%; +139%). En estos países, la percepción de amenaza directa o la necesidad urgente de modernización derivó en una duplicación real de los presupuestos militares.
  • Esfuerzo histórico y consolidación (alto compromiso y crecimiento gradual): Conformado por Estados que ya sostenían un gasto estructural considerable o una postura de disuasión previa a 2022, como Finlandia (2,9% del PBI; +58%), Grecia (2,8%; +5%), Rumania (2,2%; +85%), Francia (2,0%; +27%) e Italia (2,0%; +66%). Al no partir de un déficit operativo pronunciado, su expansión presupuestaria reciente fue proporcionalmente más moderada, pero suficiente para mantenerse por encima del umbral del 2%.
  • Rezagados estructurales e inercia fiscal (bajo compromiso y crecimiento contenido): Integrado por países que continúan distantes de las metas comunitarias, como Chipre (1,6% del PBI; +31%), Portugal (1,6%; +46%), Austria (1,1%; +64%), Malta (0,5%; +64%) e Irlanda (0,2%; +24%). Este comportamiento responde a una combinación de lejanía física de la zona de conflicto, restricciones macroeconómicas y tradiciones constitucionales de neutralidad.

Esta clasificación funciona como una prueba empírica de la importancia de los factores geográficos a la hora de abordar la cuestión. La proximidad física define líneas de tensión, lo que a su vez marca una determinada agenda fiscal. Mientras el este y el norte asumen un esfuerzo de choque, la Europa occidental y periférica equilibra sus cuentas a un ritmo dispar, consolidando un bloque con recursos agregados récord pero prioridades territoriales todavía fragmentadas.

Conclusión

El análisis conjunto de los datos presupuestarios y las variables geográficas confirma que el rearme de la Unión Europea post-2022 no representa un proceso homogéneo, sino una respuesta territorialmente diferenciada.

La tesis de Tim Marshall cobra plena vigencia en las cuentas públicas europeas: la geografía actúa como un factor determinante del esfuerzo fiscal. Los Estados del flanco oriental y nórdico, expuestos a una percepción de amenaza existencial inmediata, han asumido un salto cuantitativo y cualitativo, duplicando sus presupuestos y volcando cerca de la mitad de sus recursos a inversión militar directa. Por el contrario, las economías centrales y periféricas avanzan a un ritmo gradual, condicionado por restricciones macroeconómicas internas y doctrinas históricas de neutralidad.

A pesar de que el Artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea establece un compromiso formal de defensa mutua, la materialización del gasto expone una Unión a varias velocidades. El récord histórico de €418 mil millones alcanzado en 2025 dota al bloque de un volumen financiero inédito, pero deja pendiente su mayor desafío estratégico: transformar el gasto reactivo y fragmentado de 27 capitales en capacidades industriales integradas y disuasivas a escala comunitaria.

In an international arena marked by the return of geopolitical competition and heightened security threats, the European Union (EU) has begun to strengthen its defense capabilities. In his acclaimed book Prisoners of Geography, Tim Marshall introduces a concept of geopolitics that proves extremely useful when analyzing this scenario. Marshall begins his analysis by arguing that the geographical dimension is often the most overlooked, and that, although not always the sole determining factor, it must be brought to the forefront for this proposed examination. The author posits that geopolitics analyzes international affairs by directly considering their strictly geographical aspects. This is not limited to physical features—such as natural barriers or river connections—but also encompasses demographic and cultural characteristics, as well as access to natural resources.

The war between Russia and Ukraine, coupled with the growing concern of Eastern European Member States, has driven a sustained increase in military expenditure and weapons procurement. This trend is reflected in the fact that, in 2025, EU defense spending reached €418 billion, equivalent to 2.2% of its aggregate GDP, with 23 of its 27 Member States surpassing the 2% threshold. Thus, while the EU continues to project its influence primarily through soft power instruments, the current juncture underscores a growing imperative to complement this power with its own defense capabilities. Furthermore, the European Defence Agency (EDA) projects that spending could reach €454 billion in 2026, equivalent to 2.4% of GDP.

The Geographic Distribution of Defense Spending

In a sense, if we speak of disputed territory—the physical location where countries are established—we can also speak of territoriality. In the terms of Sack and Escolar, territoriality is understood as the act or intentionality of shaping, affecting, or regulating both human behavior and sociopolitical processes through the establishment of boundaries and the ordering of space. The EU, as a bloc, is an entity that exercises territoriality in a very particular manner, expanding its borders by incorporating new members and encouraging States to become part of this shared space. Consequently, defense policy can also be understood as a form of organizing European territory, as strengthening military capabilities aims to reinforce the security of that collective space.

This dimension is evident in the growth of defense-oriented investment. The surge is not limited to the aggregate volume of resources; it is also reflected in capability investment. In 2025, Member States allocated €134 billion—equivalent to 32.2% of total defense expenditure—surpassing the 20% benchmark established by the EDA. These figures highlight an unprecedented budgetary transformation at the Community level. However, aggregate analysis masks deep structural tensions: does this rearmament constitute a collective, homogeneous effort by the Union, or does it reflect a territorial fragmentation where geographical proximity to conflict dictates each State's budgetary urgency? By cross-referencing fiscal variables with the spatial dimension, the European map reveals a profound asymmetry regarding who bears the cost of defense and under what strategic priorities.

(Defense expenditure as a percentage of GDP by Member State, 2025. Source: Author's elaboration based on European Defence Agency (EDA) data, Defence Data 2025–2026)

Did all countries increase their defense efforts uniformly? The answer is no. Aggregate defense spending growth across the European Union reveals a pronounced asymmetry among its Member States. Far from being a homogeneous process, the escalation of European defense efforts can be characterized across three distinct speeds:

  • Strategic Acceleration on the Eastern and Nordic Flank: States with greater geographical proximity to Russia implemented the steepest increases. Between 2021 and 2025, Poland increased its budgetary allocations by 211%, Lithuania by 198.7%, Sweden by 146.7%, and Estonia by 116.4%.
  • Inertial or Moderate Growth in Western and Southern Europe: Other States exhibited considerably smaller increases or sustained existing budgetary trajectories; Austria increased spending by 63.7%, France by 27.3%, and Ireland by 24.2%.
  • Major Economies in Reconfiguration: Major European economies also expanded their defense expenditures significantly, albeit starting from different budgetary baselines; Germany increased spending by 103.9%, Spain by 167.8%, and Belgium by 138.9%.

Analyzing the map allows for the identification of clusters of similar values: high-spending countries surrounded by high spenders, low-spending States surrounded by low spenders, low values surrounded by high values, and vice versa. The high-high cluster, represented in green tones, consists of Poland and the Baltic States (Lithuania, Latvia, and Estonia). The low-low cluster, visualized through continuous orange shades, comprises Western and Southern European countries (France, Spain, Italy, and Germany). Meanwhile, low values surrounded by high values are marked by an outlier: Austria. This low-spending country is immediately bordered by nations with higher expenditures. Lastly, Denmark represents a high-spending country surrounded by lower spenders, displaying a light green shade (higher value) bordered by the sea and Germany's lower figures (orange). These spatial patterns emerge clearly and are subsequently confirmed through continued statistical analysis.

This heterogeneity is particularly salient from a Realist perspective in International Relations. Under this approach, States remain the primary actors in the international system and, when confronted with heightened uncertainty, prioritize their own security and response capabilities. Consequently, the rise in European expenditure does not merely stem from a collective Union decision, but also reflects distinct national perceptions of threat and the imperative to build independent capabilities.

Defense Spending Through Relative Effort

As previously noted, national expenditures were not uniform—a dynamic illustrated in the following chart depicting changes in defense spending as a share of GDP across countries.

(Evolution of defense spending as a percentage of GDP and variation between 2021 and 2025. Source: Author's elaboration based on European Defence Agency (EDA) data, Defence Data 2025–2026)

The pattern demonstrates that the largest relative increases are concentrated primarily among States that perceive the deterioration of the European security environment most acutely. However, expanding the overall budget does not automatically translate into a proportional increase in military capabilities investment. It is therefore necessary to analyze how these newly allocated resources were distributed.

(Relationship between total defense expenditure growth and the increase in defense investment. Source: Author's elaboration based on European Defence Agency (EDA) data, Defence Data 2025–2026)

A positive linear correlation of 0.73 exists between the growth of total expenditure and the increase in defense investment. This indicates that recent budgetary expansion was driven largely by the procurement of military equipment, weapons systems, and other capital acquisitions. Nonetheless, the relationship was not uniform across Member States: Poland was among the most prominent examples, increasing its investment by 357.7% and raising the share of its defense budget allocated to investment from 34.5% to 50.8%. Spain followed a similar trajectory, expanding its investment by 414% to reach a 44.2% allocation rate. Conversely, while Belgium increased its total expenditure by 189.9%, its investment grew at a much slower pace (86.9%). Consequently, its investment allocation dropped from 17.2% to 13.4%, falling below the EDA's 20% benchmark. This differentiation is deeply geographical, stemming from each State's internal dynamics, where demographic, cultural, social, and economic factors intertwine. In other words, these spending disparities crystallize the structural differences among States as territories.

This variance in expenditure composition is significant because a larger budget does not inherently produce an equivalent expansion in strategic capabilities. While some nations prioritize transforming their military posture, others focus budgetary increases on sustaining existing readiness. This dynamic carries particular institutional weight under Article 42(7) of the Treaty on European Union (TEU), which establishes a mutual assistance clause among members in the event of armed aggression, formalizing a collective security commitment across the Union. Even so, the data reveals that this legal commitment coexists with an unequal distribution of defense burdens. The existence of a mutual defense obligation does not eliminate disparities in threat perception or national defense priorities, underscoring a persistent tension between institutional solidarity and divergent strategic realities among Member States.

This recent surge marks a structural break. While the European Union experienced a progressive recovery in defense spending between 2014 and 2021 following the post-2008 austerity cuts, the 2022–2025 period shows acceleration of a much greater magnitude. This shift signals a transformation in European security priorities: the war in Ukraine and the perception of an unstable international arena have placed national security at the core of domestic agendas.

Total expenditure rose from €195 billion in 2014 to €418 billion in 2025, with projections reaching €454 billion for 2026. Moreover, Member States meeting or exceeding the 2% GDP defense target grew from just 2 in 2017 and 7 in 2021 to 23 in 2025, according to EDA assessments. Additionally, equipment and development investment reached €134 billion in 2025—more than triple the previous decade's average. In Realist terms, this process reflects a response to systemic international uncertainty: driven by mounting external threats, governments seek to maximize capabilities and minimize vulnerabilities. However, the European case presents a distinctive dynamic, as this national reinforcement unfolds simultaneously within a framework of security integration and cooperation.

The Composition of Defense Spending

The scale of this shift is also visible in expenditure composition. In 2025, a positive correlation emerged between defense spending as a percentage of GDP and the proportion allocated to investment. States making a greater macroeconomic effort tend to allocate a larger share of resources toward modernization and capability acquisition: Poland dedicated 50.8% of its budget to investment, Lithuania 46.7%, and Finland 43.7%. In contrast, Ireland allocated only 16.9% of its defense budget to investment.

(Relationship between the defense investment rate and defense spending as a percentage of GDP, 2025. Source: Author's elaboration based on European Defence Agency (EDA) data, Defence Data 2025–2026)

Several dynamics explain why spending is distributed in this manner. First, Tobler’s First Law of Geography applies: near things are more related than distant things, encouraging the formation of High-High or Low-Low spatial clusters. A spillover effect is also at work. Economic processes—particularly within a highly integrated network like the EU—do not stop at national borders. Shared supply chains, cross-border trade, and integrated infrastructure mean that one country’s policy stance directly affects its immediate neighbors. Furthermore, Europe possesses socio-structural and historical commonalities; geographically contiguous regions often share similar social characteristics. For instance, the clustering of high values in the Eastern bloc (Poland and the Baltic States) reflects shared regional dynamics.

Who Delivers Volume and Who Accelerates Effort?

The spatial patterns observed on the map correspond directly to Member States' budgetary structures. Cross-referencing current macroeconomic commitments with reaction speeds following the 2022 turning point demonstrates that geography is not merely about physical borders; it translates into three well-defined strategic postures:

  • Rearmament Leaders and Accelerated Expansion (High Commitment and Strong Acceleration): Comprises the core of the Eastern and Nordic flank—Poland (4.3% of GDP; +211%), Lithuania (4.0%; +199%), Latvia (3.6%; +115%), Estonia (3.4%; +116%), and Sweden (2.5%; +147%)—alongside Western economies that broke away from prior fiscal inertia, such as Germany (2.4%; +104%), the Netherlands (2.3%; +120%), Spain (2.0%; +168%), and Belgium (2.0%; +139%). In these countries, direct threat perception or the urgent need for modernization drove a real-term doubling of military budgets.
  • Historical Effort and Consolidation (High Commitment and Gradual Growth): Formed by States that already maintained substantial structural spending or an established deterrence posture prior to 2022, such as Finland (2.9% of GDP; +58%), Greece (2.8%; +5%), Romania (2.2%; +85%), France (2.0%; +27%), and Italy (2.0%; +66%). Without starting from pronounced operational deficits, their recent budgetary expansion was proportionally more moderate, yet sufficient to remain above the 2% threshold.
  • Structural Laggards and Fiscal Inertia (Low Commitment and Restrained Growth): Composed of countries that remain distant from Community targets, such as Cyprus (1.6% of GDP; +31%), Portugal (1.6%; +46%), Austria (1.1%; +64%), Malta (0.5%; +64%), and Ireland (0.2%; +24%). This posture stems from a combination of geographical distance from the conflict zone, macroeconomic constraints, and constitutional traditions of neutrality.

This classification serves as empirical evidence of how decisive geographic factors remain. Physical proximity outlines lines of tension, which in turn dictate distinct fiscal agendas. While the East and North undertake shock-effort rearmament, Western and peripheral Europe balance accounts at an uneven pace, consolidating a bloc with record aggregate resources but still fragmented territorial priorities.

Conclusion

The combined analysis of budgetary data and geographical variables confirms that post-2022 European Union rearmament is not a homogeneous process, but a territorially differentiated response.

Tim Marshall’s thesis proves entirely applicable to European public accounts: geography operates as a decisive driver of fiscal effort. Eastern and Nordic flank States, facing an immediate existential threat perception, have undertaken a qualitative and quantitative leap, doubling budgets and channeling nearly half their defense resources into direct capital investment. Conversely, core and peripheral economies advance at a gradual pace conditioned by domestic macroeconomic limits and historical neutrality doctrines.

Although Article 42(7) of the Treaty on European Union establishes a formal mutual defense commitment, actual defense spending reveals a multi-speed Union. The historic €418 billion record reached in 2025 provides the bloc with unprecedented financial scale, yet leaves its central strategic challenge unresolved: transforming the reactive, fragmented spending of 27 capitals into integrated, deterrent industrial defense capabilities at the Community level.

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