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Transformación demográfica y auge de las nuevas derechas en Europa

Demographic Transformation and the Rise of the New Right in Europe

PublicadoPublished 19 ago 2025 · 4 min

La pirámide poblacional de Europa demuestra una tendencia decreciente. Frente a ello, surge la necesidad de fomentar políticas migratorias para frenar esta problemática. Esto reavivó la llama de viejas narrativas populistas de derecha que volvieron a cobrar fuerza electoral. Comprender esta contradicción es central para poder explicar el panorama actual del continente.

Europe's population pyramid shows a decreasing trend. Faced with this, the need arises to foster migratory policies to curb this issue. This has rekindled the flame of old right-wing populist narratives that have once again gained electoral strength. Understanding this contradiction is central to explaining the continent's current landscape.

Europa enfrenta una encrucijada demográfica y política: la población está envejeciendo y la principal alternativa que poseen para contrarrestar esta tendencia no convence a la opinión pública. Actualmente, el 22% de la población tiene 65 años o más, comparado con el 14% de 1990. El porcentaje supera al de las personas menores de 18, que ronda el 19%. La disminución de la fuerza laboral activa joven, sumado al creciente número de jubilados, plantea importantes desafíos para la Unión Europea (UE), siendo el principal la sostenibilidad del sistema de pensiones.

En este contexto, los movimientos migratorios, mayoritariamente provenientes de África y Medio Oriente, podrían ser una oportunidad para aumentar la masa de trabajadores activos y ayudar a equilibrar la pirámide poblacional. Sin embargo, esta oportunidad choca con los discursos nativistas de las nuevas derechas. Estas entienden a la migración como una amenaza a la seguridad, la cultura o incluso la estabilidad económica.

Flujos migratorios y su impacto económico

En 2023 4.3 millones de personas llegaron a la UE desde países no comunitarios. Aunque esto significa una disminución con respecto al año anterior, las cifras acumuladas son altas. La composición de los flujos migratorios es variada, e incluye a solicitantes de asilo, migrantes por factores económicos, políticos y desastres naturales. La cercanía y las promesas de prosperidad posicionan a la UE como un lugar atractivo para los migrantes, especialmente a los provenientes del norte de África y Medio Oriente.

La población de la UE creció 1.1 millones en 2024 gracias al saldo migratorio positivo. Esto quiere decir que el número de inmigrantes que ingresaron a la región superaron ampliamente al número de emigrantes que salieron. No obstante, la migración no sólo beneficia a Europa demográficamente, sino que también genera un impacto económico positivo: ha cubierto gran parte de la necesidad de mano de obra y contribuido al aumento de la productividad. La inmigración calificada aporta conocimientos específicos y talento, mientras que la poco calificada trabaja en las áreas donde escasea la mano de obra nativa. A esto se suma que una población más grande produce una mayor demanda agregada y, eventualmente, una fuerza laboral más amplia.

La gran mayoría de los migrantes se integra y contribuye a la economía y la cultura de los países a los que llegan. Sin embargo, un amplio sector de la población subestima los beneficios que trae la inmigración y menosprecia el papel que juegan en el mercado de trabajo. Esto se ve acompañado con la idea de que los inmigrantes pagan menos impuestos que los nativos en su misma situación, al mismo tiempo que reciben mayores beneficios sociales. Esta idea, que se convirtió en un prejuicio generalizado, penetra en la opinión pública y la sociedad europea.

La inmigración como bandera política de las nuevas derechas

Las políticas anti-migratorias se han convertido en uno de los ejes centrales de campaña de la derecha europea. Esto tiene raíz en creencias nativistas, que consideran que las naciones deben ser habitadas exclusivamente por su grupo de origen. En general, estas ideas cobran fuerza en períodos de crisis y estancamiento económico, tal como es el caso de la UE en los últimos años.

La migración es central en su discurso, presentándola como una amenaza a la seguridad y un factor central en la destrucción de Europa y su identidad. La narrativa de la “Teoría del Gran Reemplazo” es clave para entender su lógica operante. La misma sostiene que la población blanca europea está siendo sustituida intencionalmente por extranjeros de distintas etnias, provenientes en su mayoría de África y Medio Oriente. Este relato, aunque falso, le permite a líderes como Giorgia Meloni o Viktor Orbán consolidarse y justificar la implementación de medidas restrictivas a los flujos transfronterizos.

Europa atraviesa una sensación generalizada de pérdida de poder económico, que se ve acompañada por el descontento social y la desconfianza a las instituciones tradicionales y los partidos políticos establecidos. Este contexto es propicio para el auge de la derecha radical, que capitaliza la desconfianza y la frustración ciudadana con un discurso xenófobo, nacionalista y excluyente. De esta manera, utilizan a la inmigración como bandera política, actuando como significante vacío y articulador del discurso polarizante.

El futuro de Europa: oportunidad y tensión

La migración es un fenómeno complejo que genera efectos dispares. Por un lado, es una herramienta fundamental para el desarrollo de Europa. Se torna indispensable para atenuar su envejecimiento poblacional y relanzar su crecimiento económico. Por el otro, se convirtió en un instrumento de las derechas europeas para el desarrollo de discursos racistas y polarizantes, que explotan el malestar social para impulsar agendas restrictivas y excluyentes.

El futuro de Europa dependerá de su capacidad para gestionar la migración de manera que aproveche sus beneficios económicos y demográficos, a la vez que aborde las preocupaciones sociales y económicas de los individuos.

Europe faces a demographic and political crossroads: the population is aging, and the main alternative they possess to counteract this trend does not convince public opinion. Currently, 22% of the population is 65 years or older, compared to 14% in 1990. This percentage exceeds that of people under 18, which hovers around 19%. The decrease in the active young workforce, coupled with the growing number of retirees, poses significant challenges for the European Union (EU), the main one being the sustainability of the pension system.

In this context, migratory movements, mostly originating from Africa and the Middle East, could represent an opportunity to increase the pool of active workers and help balance the population pyramid. However, this opportunity clashes with the nativist discourses of the New Right. They understand migration as a threat to security, culture, or even economic stability.

Migratory Flows and Their Economic Impact

In 2023, 4.3 million people arrived in the EU from non-EU countries. Although this represents a decrease compared to the previous year, the cumulative figures remain high. The composition of migratory flows is varied, including asylum seekers, economic and political migrants, and those displaced by natural disasters. Proximity and promises of prosperity position the EU as an attractive place for migrants, especially those originating from North Africa and the Middle East.

The population of the EU grew by 1.1 million in 2024 thanks to a positive net migration rate. This means that the number of immigrants entering the region far exceeded the number of emigrants who left. Nevertheless, migration does not only benefit Europe demographically, but also generates a positive economic impact: it has covered much of the need for labor and contributed to increased productivity. High-skilled immigration brings specific knowledge and talent, while low-skilled immigration works in areas where native labor is scarce. Added to this is the fact that a larger population produces greater aggregate demand and, eventually, a broader workforce.

The vast majority of migrants integrate and contribute to the economy and culture of their host countries. However, a large sector of the population underestimates the benefits that immigration brings and downplays their role in the labor market. This is accompanied by the notion that immigrants pay fewer taxes than natives in the same situation, while simultaneously receiving greater social benefits. This idea, which has become a generalized prejudice, penetrates public opinion and European society.

Immigration as a Political Banner of the New Right

Anti-migration policies have become one of the central campaign axes of the European right. This is rooted in nativist beliefs, which hold that nations should be inhabited exclusively by their group of origin. In general, these ideas gain strength during periods of crisis and economic stagnation, as has been the case for the EU in recent years.

Migration is central to their discourse, presented as a threat to security and a key factor in the destruction of Europe and its identity. The narrative of the "Great Replacement Theory" is key to understanding its operating logic. It argues that the white European population is being intentionally substituted by foreigners of different ethnicities, mostly originating from Africa and the Middle East. This narrative, although false, allows leaders like Giorgia Meloni or Viktor Orbán to consolidate themselves and justify the implementation of restrictive measures on transborder flows.

Europe is going through a generalized sense of loss of economic power, accompanied by social discontent and distrust toward traditional institutions and established political parties. This context is propitious for the rise of the radical right, which capitalizes on citizen distrust and frustration with a xenophobic, nationalist, and exclusionary discourse. In this way, they use immigration as a political banner, acting as an empty signifier and articulator of polarizing discourse.

The Future of Europe: Opportunity and Tension

Migration is a complex phenomenon that generates disparate effects. On one hand, it is a fundamental tool for Europe's development. It becomes indispensable to mitigate its population aging and relaunch its economic growth. On the other hand, it became an instrument of the European right to develop racist and polarizing discourses, exploiting social malaise to drive restrictive and exclusionary agendas.

The future of Europe will depend on its capacity to manage migration in a way that harnesses its economic and demographic benefits, while simultaneously addressing the social and economic concerns of individuals.

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