USAID: Auge y caída
USAID: Rise and Fall
Horas después de su asunción, el presidente Donald Trump firmó un decreto ejecutivo que suspendía por 90 días la ayuda internacional gestionada por EEUU. Cuatro días después todos los proyectos dependientes se suspendían y, hace unos días, se confirmó desde la Casa Blanca la intención de cerrar definitivamente USAID, la agencia estrella en diplomacia humanitaria estadounidense.
Hours after his inauguration, President Donald Trump signed an executive order suspending international aid managed by the US for 90 days. Four days later, all dependent projects were suspended, and a few days ago, the White House confirmed its intention to permanently close USAID, the flagship agency of American humanitarian diplomacy.
La ya polémica asunción de Donald Trump a su segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos fue sucedida por anuncios de decretos presidenciales firmados pocas horas después de su regreso a la Casa Blanca, todos ellos orientados a reducir o revertir medidas tomadas por la administración anterior. Entre estos documentos destacó la Orden Ejecutiva “Reevaluación y Realineación de la Ayuda Exterior de Estados Unidos”, la cual decretó la suspensión por 90 días de toda asistencia destinada a proyectos en el extranjero orientados al desarrollo internacional, sujetándolos a una exhaustiva revisión para asegurarse que estos se “alineen con los intereses y valores estadounidenses”.
El congelamiento de fondos afectó a miles de organizaciones en el mundo dedicadas a la asistencia sanitaria y alimentaria, a víctimas de catástrofes naturales, a la educación y a los derechos de la mujer; así como también a medios y centros de investigación en desarrollo, entre muchos otros proyectos. Cuatro días después de la orden ejecutiva, se emitió un nuevo documento en el que se reanudaba el financiamiento a proyectos considerados esenciales, como los de seguridad alimentaria, sin hacer mención a otros programas de desarrollo. La inquietud causada por el alcance de la suspensión llegó a un punto cúlmine el 3 de febrero, cuando Elon Musk (ahora administrador del Departamento de Eficiencia Gubernamental, DOGE) anunció que la administración Trump planeaba cerrar definitivamente la agencia independiente USAID, encargada de distribuir la ayuda humanitaria aprobada por EEUU.
Qué es (¿fue?) la USAID
La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (por su sigla en inglés, USAID) se remonta a 1961 con la sanción en el Congreso de la Ley de Asistencia Exterior. La misma resultó de que los funcionarios estadounidenses detfinieron a la distribución de ayuda humanitaria a países en vías de desarrollo como una forma eficaz de contrarrestar la influencia soviética en el mundo bipolar de la Guerra Fría. Tras años de tira y afloja, la agencia se volvió independiente en 1998, aunque su estatuto contempla que las medidas tomadas por USAID estén en concordancia con la línea de política exterior establecida por el Secretario de Estado de turno. Desde entonces la agencia se ha convertido en un actor de vital importancia para la promoción de proyectos de desarrollo en el mundo, y jugó un papel central en la lucha contra enfermedades como la malaria o el sida.
Los anuncios relacionados al cierre de USAID fueron rápidamente confirmados. El enlace a la página oficial del organismo ya no funciona, las redes sociales vinculadas han sido desactivadas y, hace pocos días, el Inspector General de la agencia fue cesado de su cargo por publicar un informe en el que advertía que los recortes en personal podrían causar que la ayuda humanitaria de la agencia caiga en manos terroristas, ya que se redujeron los controles en lugares como Afganistán, Siria o la Franja de Gaza.
Estrategia y Soft Power
Como se mencionó anteriormente, el accionar de USAID siempre estuvo alineado con las necesidades de la política exterior de la administración de turno, por lo que los programas de la agencia podían ser modificados o eliminados con cada nuevo presidente. Sin embargo, el cierre total del organismo supone la eliminación de una de las principales herramientas de soft power de las que dispone Washington.
Joseph Nye (2004) definía al Soft Power como una forma que los Estados tienen de ejercer poder, alternativa al económico o militar (considerados hard power), en la que no es necesaria la presión a otros países porque estos se sienten atraídos al Estado por su cultura o por sus acciones en el plano internacional. Nye reconocía al soft power como vital en la relación entre democracias ya que no había coerción, y la atracción implicaba que ciertos Estados diesen su ‘consentimiento’ a ser influenciados por el Estado que ejerce el soft power; o sea, lo que el autor llama cooptación. Para lograr la cooptación un Estado se sirve de los valores, la cultura y las medidas políticas que promueve.
La larga historia de ayuda humanitaria proporcionada por los Estados Unidos es un claro ejemplo de políticas promotoras de soft power. La asistencia administrada por la agencia USAID y su éxito en sucesivas epidemias y desastres climáticos han cimentado el prestigio de promotor del desarrollo que se arroga a Washington. Las no pocas críticas al organismo por su permeación en los asuntos internos de los países a los que brinda apoyo no han evitado que varios actores internacionales, desde gobiernos hasta organizaciones de la sociedad civil, buscasen activamente el sponsor de USAID para desarrollar sus actividades, asimilando de paso los temas importantes fijados en su momento por la agenda de política exterior estadounidense y beneficiando, por ende, a los intereses de EEUU.
El cierre de la agencia no se condice con la utilidad que el soft power supone para cualquier país, sino con la propia agenda interna diagramada por la administración Trump. Las sucesivas campañas de desprestigio a los programas impulsados por USAID propiciadas desde el Departamento de Eficiencia Gubernamental en redes sociales han allanado el camino para la clausura del organismo, no solo en la opinión pública estadounidense sino en el mundo, descubriendo de dónde venía mucho del financiamiento a medios o ONGs que, según la administración actual, no se alinean o directamente contradicen los valores estadounidenses. Los recortes, sin embargo, también allanarían el camino para que otras potencias, como China o Rusia, se arroguen el lugar vacante que dejó EEUU y aumenten su influencia en países en vías de desarrollo mediante el envío de ayuda humanitaria o el aumento en la financiación de proyectos afines a sus intereses.
The already controversial inauguration of Donald Trump for his second term as President of the United States was followed by announcements of presidential decrees signed just hours after his return to the White House, all of them aimed at reducing or reversing measures taken by the previous administration. Among these documents, the Executive Order “Reevaluation and Realignment of United States Foreign Assistance” stood out, which decreed a 90-day suspension of all assistance destined for overseas international development projects, subjecting them to an exhaustive review to ensure they "align with American interests and values."
The freezing of funds affected thousands of organizations worldwide dedicated to healthcare and food assistance, natural disaster victims, education, and women's rights, as well as media outlets and developing research centers, among many other projects. Four days after the executive order, a new document was issued resuming funding for projects considered essential, such as food security, without making any mention of other development programs. The anxiety caused by the scope of the suspension reached a climax on February 3, when Elon Musk (now administrator of the Department of Government Efficiency, DOGE) announced that the Trump administration planned to permanently close the independent agency USAID, which is responsible for distributing humanitarian aid approved by the US.
What Is (Was?) USAID
The United States Agency for International Development (USAID) dates back to 1961 with the passage of the Foreign Assistance Act in Congress. It resulted from US officials defining the distribution of humanitarian aid to developing countries as an effective way to counteract Soviet influence in the bipolar world of the Cold War. After years of tug-of-war, the agency became independent in 1998, although its statute stipulates that the measures taken by USAID must be in accordance with the foreign policy line established by the Secretary of State in office. Since then, the agency has become a vital actor for the promotion of development projects worldwide and played a central role in the fight against diseases such as malaria or AIDS.
The announcements regarding the closure of USAID were quickly confirmed. The link to the organization's official website no longer works, the associated social networks have been deactivated, and a few days ago, the agency's Inspector General was dismissed from his position after publishing a report warning that personnel cuts could cause the agency's humanitarian aid to fall into terrorist hands, as oversight was reduced in places like Afghanistan, Syria, or the Gaza Strip.
Strategy and Soft Power
As mentioned previously, USAID's actions were always aligned with the foreign policy needs of the administration in power, meaning that the agency's programs could be modified or eliminated with each new president. However, the total closure of the organization implies the elimination of one of the main soft power tools available to Washington.
Joseph Nye (2004) defined Soft Power as a way for States to exercise power, alternative to economic or military power (considered hard power), in which pressure on other countries is unnecessary because they feel attracted to the State by its culture or by its actions on the international stage. Nye recognized soft power as vital in relations between democracies since there was no coercion, and attraction implied that certain States gave their 'consent' to be influenced by the State exercising soft power—in other words, what the author calls co-optation. To achieve co-optation, a State uses the values, culture, and political measures it promotes.
The long history of humanitarian aid provided by the United States is a clear example of policies promoting soft power. The assistance administered by the USAID agency and its success in successive epidemics and climate disasters have cemented the prestige of being a promoter of development that Washington claims for itself. The not-so-few criticisms of the organization for its penetration into the internal affairs of the countries it supports have not prevented various international actors, from governments to civil society organizations, from actively seeking USAID sponsorship to develop their activities, assimilating along the way the important topics set at the time by the US foreign policy agenda and therefore benefiting US interests.
The closure of the agency does not align with the utility that soft power represents for any country, but rather with the internal agenda outlined by the Trump administration itself. The successive smear campaigns against programs driven by USAID, promoted from the Department of Government Efficiency on social networks, have paved the way for the closure of the organization, not only in American public opinion but worldwide, uncovering where much of the funding for media outlets or NGOs came from that, according to the current administration, do not align with or directly contradict American values. The budget cuts, however, would also pave the way for other powers, such as China or Russia, to claim the vacant place left by the US and increase their influence in developing countries through the delivery of humanitarian aid or increased funding for projects aligned with their interests.