Acuerdo de Libre Comercio con Trump: ¿Argentina o Mercosur?
Free Trade Agreement with Trump: Argentina or Mercosur?
La posible firma de un Acuerdo de Libre Comercio entre Argentina y Estados Unidos bajo los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump genera expectativas y desafíos. Aunque la afinidad política podría facilitar negociaciones, factores como las prioridades estratégicas de ambos países, las restricciones del Mercosur y los riesgos de adaptación económica complican el panorama. ¿Puede Argentina maximizar oportunidades como la transferencia tecnológica en este escenario?
The potential signing of a Free Trade Agreement (FTA) between Argentina and the United States under the administrations of Javier Milei and Donald Trump generates expectations and challenges. Although political affinity could facilitate negotiations, factors such as the strategic priorities of both countries, Mercosur restrictions, and the risks of economic adaptation complicate the outlook. Can Argentina maximize opportunities like technology transfer in this scenario?
La reciente victoria electoral de Donald Trump y la intención del presidente Javier Milei de fortalecer los lazos con Estados Unidos han reavivado el debate sobre la posibilidad de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre ambos países. Si bien un alineamiento político podría allanar el camino para las negociaciones, la concreción de un ALC dependerá de múltiples factores: intereses sectoriales, prioridades estratégicas de Estados Unidos y el consenso interno en Argentina respecto a los términos del acuerdo.
De lograrse este acuerdo, Argentina podría beneficiarse con un mayor acceso al mercado estadounidense, especialmente para sectores como el agroindustrial y ciertas industrias específicas. Sin embargo, el desafío radica en enfrentar una mayor competencia de productos estadounidenses y adaptar normativas locales a estándares internacionales.
Mercosur: ¿limitación o ventaja?
Algunos sostienen que el Mercosur se ha agotado como mecanismo de integración regional, argumentando que Argentina y otros países miembros encontrarían mayor prosperidad fuera de este esquema. Sin embargo, ¿es realmente viable desvincular los marcos económicos establecidos en el Mercosur? Sectores estratégicos como el automotriz, por ejemplo, dependen de las preferencias arancelarias y los incentivos actuales.
El debate sobre la utilidad del Mercosur no es reciente. A inicios del siglo XXI, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, su gabinete discutía estrategias para liberalizar el comercio en el marco del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En este contexto, el entonces canciller Adalberto Rodríguez Giavarini defendía la posibilidad de negociar la integración a través del Mercosur, considerando que, hasta ese momento, la promoción del comercio intrarregional había generado resultados muy positivos. Por otro lado, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, sostenía que un enfoque unilateral era más viable, basado en una década de experiencia en la que el alineamiento irrestricto con Estados Unidos había demostrado ser beneficioso..
Otro elemento histórico que ha perdurado en el Mercosur es su estructura organizacional, establecida por las cláusulas del Protocolo de Ouro Preto en diciembre de 1994. Este marco institucional prioriza los intereses del bloque en las negociaciones externas, lo que implica que cualquier futuro acuerdo comercial debe ser negociado en conjunto, firmado y aprobado por la totalidad de los Estados miembros..
Esta condición representa el principal obstáculo para la firma de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC). En términos pragmáticos, un Brasil liderado por Lula está prácticamente imposibilitado de aceptar un tratado de libre comercio con una economía altamente competitiva como la de Estados Unidos, prefiriendo continuar negociaciones con excepciones específicas, como en el caso del acuerdo con la Unión Europea. En términos políticos, tras los constantes insultos recibidos por el mandatario brasileño y las marcadas diferencias ideológicas entre ambos gobiernos en la mayoría de los temas políticos, sería prácticamente inevitable un veto a varias de las propuestas clave del plan de liberalización comercial del presidente argentino.
Avances previos y obstáculos futuros
El Trade and Investment Framework Agreement (TIFA) entre Argentina y Estados Unidos existe desde 2016, promovido por el entonces presidente Mauricio Macri. Desde entonces, el Trade and Investment Council se ha reunido periódicamente, abordando temas estratégicos como la liberalización comercial en sectores competitivos. Sin embargo, a pesar de haber atravesado ya ocho años de cooperación, el crecimiento del comercio bilateral prácticamente se ha estancado como se observa en la figura 1, en parte debido a los cambios de gobierno en ambos países y sus consecuentes reorientaciones en la agenda internacional.
La reciente victoria electoral de Donald Trump y la intención del presidente Javier Milei de fortalecer los lazos con Estados Unidos han reavivado el debate sobre la posibilidad de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) entre ambos países. Si bien un alineamiento político podría allanar el camino para las negociaciones, la concreción de un ALC dependerá de múltiples factores: intereses sectoriales, prioridades estratégicas de Estados Unidos y el consenso interno en Argentina respecto a los términos del acuerdo.
De lograrse este acuerdo, Argentina podría beneficiarse con un mayor acceso al mercado estadounidense, especialmente para sectores como el agroindustrial y ciertas industrias específicas. Sin embargo, el desafío radica en enfrentar una mayor competencia de productos estadounidenses y adaptar normativas locales a estándares internacionales.
Mercosur: ¿limitación o ventaja?
Algunos sostienen que el Mercosur se ha agotado como mecanismo de integración regional, argumentando que Argentina y otros países miembros encontrarían mayor prosperidad fuera de este esquema. Sin embargo, ¿es realmente viable desvincular los marcos económicos establecidos en el Mercosur? Sectores estratégicos como el automotriz, por ejemplo, dependen de las preferencias arancelarias y los incentivos actuales.
El debate sobre la utilidad del Mercosur no es reciente. A inicios del siglo XXI, durante el gobierno de Fernando de la Rúa, su gabinete discutía estrategias para liberalizar el comercio en el marco del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En este contexto, el entonces canciller Adalberto Rodríguez Giavarini defendía la posibilidad de negociar la integración a través del Mercosur, considerando que, hasta ese momento, la promoción del comercio intrarregional había generado resultados muy positivos. Por otro lado, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, sostenía que un enfoque unilateral era más viable, basado en una década de experiencia en la que el alineamiento irrestricto con Estados Unidos había demostrado ser beneficioso..
Otro elemento histórico que ha perdurado en el Mercosur es su estructura organizacional, establecida por las cláusulas del Protocolo de Ouro Preto en diciembre de 1994. Este marco institucional prioriza los intereses del bloque en las negociaciones externas, lo que implica que cualquier futuro acuerdo comercial debe ser negociado en conjunto, firmado y aprobado por la totalidad de los Estados miembros..
Esta condición representa el principal obstáculo para la firma de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC). En términos pragmáticos, un Brasil liderado por Lula está prácticamente imposibilitado de aceptar un tratado de libre comercio con una economía altamente competitiva como la de Estados Unidos, prefiriendo continuar negociaciones con excepciones específicas, como en el caso del acuerdo con la Unión Europea. En términos políticos, tras los constantes insultos recibidos por el mandatario brasileño y las marcadas diferencias ideológicas entre ambos gobiernos en la mayoría de los temas políticos, sería prácticamente inevitable un veto a varias de las propuestas clave del plan de liberalización comercial del presidente argentino.
Avances previos y obstáculos futuros
El Trade and Investment Framework Agreement (TIFA) entre Argentina y Estados Unidos existe desde 2016, promovido por el entonces presidente Mauricio Macri. Desde entonces, el Trade and Investment Council se ha reunido periódicamente, abordando temas estratégicos como la liberalización comercial en sectores competitivos. Sin embargo, a pesar de haber atravesado ya ocho años de cooperación, el crecimiento del comercio bilateral prácticamente se ha estancado como se observa en la figura 1, en parte debido a los cambios de gobierno en ambos países y sus consecuentes reorientaciones en la agenda internacional.

Fuente: ICA-INDEC
Con Trump nuevamente en la presidencia, surge una pregunta inevitable: ¿qué tan prioritario será Argentina para un mandatario que centra su política en el reshoring, nearshoring o frienshoring de inversiones y empleos hacia Estados Unidos y sus socios comerciales? Considerando que México, un miembro mucho más relevante en el comercio estadounidense, ya enfrenta dificultades en este sentido, es difícil imaginar que Argentina logre posicionarse como una prioridad estratégica.
Finalmente, la inestabilidad institucional de Argentina, sumada a las fluctuaciones en la agenda internacional de ambos países, plantea serios desafíos para un posible ALC. No cabe duda que existe afinidad ideológica y personal entre Milei y Trump, considerando que ambos se consideran los generales de una batalla contra la “izquierda internacional”. Sin embargo, también es claro que sus enfoques económicos son divergentes: mientras Milei aboga por la apertura comercial, Trump prioriza el proteccionismo y la generación de empleos bajo condiciones menos competitivas a nivel global. El deseado intervencionismo estatal con fines nacionalistas del republicano es el mismo demonio que quiere extirpar Milei de la Argentina.
En este escenario, el camino hacia un acuerdo será, en el mejor de los casos, arduo y lleno de incertidumbres.
The recent electoral victory of Donald Trump and President Javier Milei's intention to strengthen ties with the United States have rekindled the debate over the possibility of a Free Trade Agreement (FTA) between both countries. While political alignment could pave the way for negotiations, the realization of an FTA will depend on multiple factors: sectoral interests, United States strategic priorities, and internal consensus in Argentina regarding the terms of the agreement.
If this agreement were to be achieved, Argentina could benefit from greater access to the US market, especially for sectors such as agribusiness and certain specific industries. However, the challenge lies in facing greater competition from US products and adapting local regulations to international standards.
Mercosur: limitation or advantage?
Some argue that Mercosur has become exhausted as a mechanism for regional integration, claiming that Argentina and other member countries would find greater prosperity outside this framework. However, is it really viable to disconnect from the economic frameworks established in Mercosur? Strategic sectors such as the automotive industry, for example, depend on current tariff preferences and incentives.
The debate over the usefulness of Mercosur is not new. At the beginning of the 21st century, during Fernando de la Rúa's administration, his cabinet discussed strategies to liberalize trade within the framework of the Free Trade Area of the Americas (FTAA). In this context, then-Foreign Minister Adalberto Rodríguez Giavarini defended the possibility of negotiating integration through Mercosur, considering that, up to that point, the promotion of intra-regional trade had yielded very positive results. On the other hand, Economy Minister Domingo Cavallo maintained that a unilateral approach was more viable, based on a decade of experience in which unrestrictive alignment with the United States had proven to be beneficial.
Another historical element that has endured in Mercosur is its organizational structure, established by the clauses of the Ouro Preto Protocol in December 1994. This institutional framework prioritizes the interests of the bloc in external negotiations, which implies that any future trade agreement must be negotiated jointly, signed, and approved by all member states.
This condition represents the main obstacle to the signing of a Free Trade Agreement (FTA). In pragmatic terms, a Brazil led by Lula is practically unable to accept a free trade treaty with a highly competitive economy like that of the United States, preferring to continue negotiations with specific exceptions, as in the case of the agreement with the European Union. In political terms, after the constant insults received by the Brazilian leader and the marked ideological differences between both governments on most political issues, a veto of several of the key proposals of the Argentine president's trade liberalization plan would be practically inevitable.
Previous progress and future obstacles
The Trade and Investment Framework Agreement (TIFA) between Argentina and the United States has existed since 2016, promoted by then-President Mauricio Macri. Since then, the Trade and Investment Council has met periodically, addressing strategic issues such as trade liberalization in competitive sectors. However, despite having already gone through eight years of cooperation, the growth of bilateral trade has practically stagnated, as observed in Figure 1, partly due to changes in government in both countries and their consequent reorientations in the international agenda.

Source: ICA-INDEC
With Trump back in the presidency, an inevitable question arises: how much of a priority will Argentina be for a leader who centers his policy on the reshoring, nearshoring, or friendshoring of investments and jobs toward the United States and its trading partners? Considering that Mexico, a much more relevant member in US trade, is already facing difficulties in this regard, it is difficult to imagine that Argentina will manage to position itself as a strategic priority.
Finally, Argentina's institutional instability, added to the fluctuations in the international agenda of both countries, poses serious challenges for a possible FTA. There is no doubt that there is ideological and personal affinity between Milei and Trump, considering that both see themselves as generals in a battle against the "international left." However, it is also clear that their economic approaches are divergent: while Milei advocates for trade openness, Trump prioritizes protectionism and job creation under less globally competitive conditions. The Republican's desired state interventionism for nationalist purposes is the same devil that Milei wants to root out of Argentina.
In this scenario, the path toward an agreement will be, at best, arduous and full of uncertainties.