Centro de Estudios Interdisciplinarios para el Desarrollo Center for Interdisciplinary Development Studies
CEIPeD
CEIPeD Estudios para el desarrollo Studies for development
EconomíaEconomics

¿Dependencia estratégica? El rol de China en el comercio y la inversión latinoamericana

Strategic Dependency? China's Role in Latin American Trade and Investment

PublicadoPublished 3 oct 2025 · 4 min

América Latina ha visto crecer abruptamente sus exportaciones a China en commodities claves como hierro, litio y soja. Ese vínculo, fundado en la demanda creciente del gigante asiático, trae impulso pero también amplía la vulnerabilidad de la región. En un contexto de recalibración estratégica frente a Estados Unidos, se busca explorar cómo el avance chino empodera y, al mismo tiempo, subordina.

Latin America has seen an abrupt growth in its exports to China of key commodities such as iron, lithium, and soy. This bond, founded on the growing demand of the Asian giant, brings momentum but also widens the region's vulnerability. Within a context of strategic recalibration toward the United States, this article explores how the Chinese advance empowers and, at the same time, subordinates.

En tan solo dos décadas, China pasó de ser un actor periférico a transformarse en el principal socio comercial de América Latina. Este intercambio alcanzó 518 mil millones de dólares en 2024, con previsiones de superar los 700 mil millones para 2035. Este crecimiento acelerado ha abierto oportunidades sin precedentes, pero también ha planteado un dilema estratégico: ¿está América Latina construyendo una plataforma para un desarrollo autónomo o consolidando una nueva dependencia?

Un mercado voraz, pero concentrado

La expansión del vínculo con China es incuestionable. Argentina, Brasil y Chile han encontrado en Pekín un comprador voraz de soja, cobre, petróleo y litio. Estos flujos sostienen sus cuentas externas y aseguran ingresos fiscales. A la vez, la importación de maquinaria y bienes de capital chinos ha reducido costos y ampliado el acceso a tecnología en distintos sectores.

El patrón es claro: más del 80% de lo que la región exporta son materias primas de bajo valor agregado. En 2024, el 28% de las exportaciones sudamericanas tuvieron como destino China, mientras solo un 16% se dirigieron a Estados Unidos. Esto no solo refleja concentración geográfica, sino también una vulnerabilidad productiva. La balanza se inclina hacia un modelo extractivo difícil de sostener a largo plazo.

Vulnerabilidad ante los ciclos de Pekín

El crecimiento de América Latina está hoy atado al ritmo de la economía china. Entre enero y mayo de 2025, las exportaciones chinas hacia Brasil crecieron en 25%, y hacia Argentina casi un 90%. Son cifras que muestran la magnitud del auge, pero también la fragilidad: un freno en Pekín impactaría de inmediato sobre los precios de commodities claves para la región.

La UNCTAD advierte que América Latina sigue atrapada en la “primarización” de sus exportaciones. El Fondo Monetario Internacional coincide: un shock negativo en la demanda china se transmite rápidamente a la región, con efectos sobre los niveles de recaudación fiscal, inflación y su estabilidad política.

Este modelo ofrece ganancias inmediatas, pero amenaza con cristalizar una “trampa de la dependencia”: crecimiento acelerado en el presente, con poca capacidad de sostenerse si cambian las condiciones externas.

China como inversor estratégico

El rol de China va más allá del comercio. En 2024, destinó 14.700 millones de dólares en inversión directa a América Latina, según UPI. En Brasil, las adquisiciones de empresas chinas alcanzaron 1.700 millones de dólares en la primera mitad del 2025, la cifra más alta en ocho años.

Un caso emblemático es el Puerto de Chancay en Perú, inaugurado en noviembre del 2024, tras una inversión de 3.500 millones de dólares. Con participación mayoritaria de la estatal COSCO, ya funciona como hub regional, con capacidad para movilizar hasta un millón de contenedores anuales. En abril del 2025, se habilitó una ruta directa con Guangzhou, reduciendo costos logísticos en un 20%. Más allá de su valor económico, el proyecto tiene implicancias geopolíticas: Washington observa con inquietud el avance de China en infraestructura portuaria estratégica.

Esta expansión forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Solo en la primera mitad del 2025, el programa movilizó 123 mil millones de dólares a nivel global, con cerca de 10 mil millones destinados a energías limpias, varias en América Latina. La apuesta china es clara: no solo busca materias primas, sino también posiciones estratégicas en energía, transporte y tecnología.

¿Cómo evitar la trampa de la dependencia?

La región enfrenta un dilema estratégico. Puede seguir beneficiándose del auge exportador, aceptando una dependencia creciente, o puede utilizar este momento para diversificar su matriz productiva y alianzas estratégicas.

Las estrategias posibles son tres. La primera, avanzar en cadenas de valor con mayor contenido tecnológico, evitando que el litio, el cobre o la soja salgan en bruto sin generar empleos industriales. La segunda, mantener una diplomacia económica equilibrada: aprovechar la relación con China, pero sin descuidar los vínculos con Estados Unidos, Europa y Asia. La tercera, reforzar la integración regional: solo con coordinación podrán los países negociar en mejores condiciones y evitar competir entre sí por captar inversión extranjera.

China se ha consolidado como socio central de América Latina, pero el costo es creciente. Sus compras e inversiones sostienen las economías locales, pero a su vez definen su vulnerabilidad. La región debe decidir si acepta la dependencia como un destino inevitable o si aprovecha esta coyuntura para diversificar, innovar e integrarse.

El verdadero desafío no está en elegir entre China o Estados Unidos, sino en construir una estrategia propia que permita a América Latina ganar autonomía. Lo que hoy aparece como oportunidad, mañana puede convertirse en límite.

In just two decades, China went from being a peripheral actor to transforming into Latin America's primary trading partner. This exchange reached 518 billion dollars in 2024, with forecasts to exceed 700 billion dollars by 2035. This accelerated growth has opened unprecedented opportunities, but it has also raised a strategic dilemma: is Latin America building a platform for autonomous development or consolidating a new dependency?

A Voracious but Concentrated Market

The expansion of the bond with China is unquestionable. Argentina, Brazil, and Chile have found in Beijing a voracious buyer of soy, copper, oil, and lithium. These flows sustain their external accounts and secure fiscal revenues. At the same time, the import of Chinese machinery and capital goods has reduced costs and expanded access to technology across various sectors.

The pattern is clear: more than 80% of what the region exports are raw materials with low added value. In 2024, 28% of South American exports were destined for China, while only 16% went to the United States. This reflects not only geographical concentration but also productive vulnerability. The balance tilts toward an extractive model that is difficult to sustain over the long term.

Vulnerability to Beijing's Cycles

Latin America's growth is today tied to the rhythm of the Chinese economy. Between January and May 2025, Chinese exports to Brazil grew by 25%, and to Argentina by nearly 90%. These figures show the magnitude of the boom, but also its fragility: a slowdown in Beijing would immediately impact the prices of key commodities for the region.

UNCTAD warns that Latin America remains trapped in the "primarization" of its exports. The International Monetary Fund agrees: a negative shock in Chinese demand is quickly transmitted to the region, affecting fiscal revenue levels, inflation, and political stability.

This model offers immediate gains, but it threatens to crystallize a "dependency trap": accelerated growth in the present, with little capacity to sustain itself if external conditions change.

China as a Strategic Investor

China's role goes beyond trade. In 2024, it allocated 14.7 billion dollars in direct investment to Latin America, according to UPI. In Brazil, acquisitions by Chinese companies reached 1.7 billion dollars in the first half of 2025, the highest figure in eight years.

A token case is the Port of Chancay in Peru, inaugurated in November 2024 following an investment of 3.5 billion dollars. With majority participation by the state-owned COSCO, it already functions as a regional hub, with the capacity to move up to one million containers annually. In April 2025, a direct route to Guangzhou was opened, reducing logistical costs by 20%. Beyond its economic value, the project carries geopolitical implications: Washington watches China's advancement in strategic port infrastructure with concern.

This expansion is part of the Belt and Road Initiative. In the first half of 2025 alone, the program mobilized 123 billion dollars globally, with nearly 10 billion dollars destined for clean energy projects, several of them in Latin America. The Chinese bet is clear: it seeks not only raw materials but also strategic positions in energy, transport, and technology.

How to Avoid the Dependency Trap?

The region faces a strategic dilemma. It can continue to benefit from the export boom, accepting a growing dependency, or it can use this momentum to diversify its productive matrix and strategic alliances.

There are three possible strategies. The first is to advance in value chains with higher technological content, preventing lithium, copper, or soy from leaving unprocessed without generating industrial jobs. The second is to maintain a balanced economic diplomacy: seizing the relationship with China without neglecting ties with the United States, Europe, and Asia. The third is to reinforce regional integration: only through coordination will countries be able to negotiate under better conditions and avoid competing with one another to attract foreign investment.

China has consolidated itself as a central partner for Latin America, but the cost is increasing. Its purchases and investments sustain local economies, but in turn define their vulnerability. The region must decide whether it accepts dependency as an inevitable destiny or whether it seizes this conjuncture to diversify, innovate, and integrate.

The true challenge lies not in choosing between China or the United States, but in building its own strategy that allows Latin America to gain autonomy. What appears as an opportunity today may become a limitation tomorrow.

Recibí nuestro análisis cada semana

Get our analysis every week

Sin ruido. Solo lo que importa en desarrollo y políticas públicas, directo a tu correo.

No noise. Just what matters in development and public policy, straight to your inbox.

Quincenal · podés darte de baja cuando quieras.
Biweekly · unsubscribe anytime.