¿Qué lugar hay para la Argentina en el mercado de la inteligencia artificial?
What Place Is There for Argentina in the Artificial Intelligence Market?
La guerra comercial entre China y EEUU excede los aranceles económicos y tensiona un fenómeno de alta novedad: la carrera por el desarrollo en IA. Actualmente, ambos países compiten por innovar y acrecentar sus ganancias, pero sin poder tomar el control por completo del mercado. En este escenario, se torna central discutir qué herramientas estratégicas tiene Argentina para reclamar su soberanía tecnológica.
The trade war between China and the U.S. goes beyond economic tariffs and is straining a highly novel phenomenon: the race for AI development. Both countries are currently competing to innovate and increase their gains, yet neither can fully control the market. In this scenario, it becomes essential to discuss what strategic tools Argentina has to claim its technological sovereignty.
¿Por qué el desarrollo en Inteligencia Artificial (IA) debería ser una prioridad en el debate argentino? Además de ser un mercado que hoy está al alza, impulsando el crecimiento en la economía global hasta el 3%, existen factores de poder y soberanía que necesitan ser discutidos. A pesar de que la Argentina es un país optimista respecto a los beneficios asociados a la implementación de IA, las estadísticas nacionales de inversión, desarrollo y registro de patentes quedan detrás de otros países de la región. Por otra parte, esta brecha se profundiza cuando nos paramos frente a quienes dominan este mercado: China y Estados Unidos (EE.UU.).
A pesar de estos retrasos comparativos, aún estamos frente a una cadena de valor en IA incipiente, incierta y, sobre todo, marcada por una fuerte interdependencia. En este marco, los actores principales no están aún completamente definidos y el pensamiento estratégico es clave para asegurarse un lugar en la pirámide de este nuevo mercado. Es por ello que se torna posible, y hasta necesario, animar al debate público acerca del lugar que Argentina debería ocupar en el ecosistema de la IA conforme a sus posibilidades y limitaciones.
La guerra comercial en la tercera década del siglo
El ascenso chino dentro del sistema internacional disputa la hegemonía unipolar estadounidense en múltiples campos, lo que dio inicio a lo que The Economist denominó Guerra Comercial. Actualmente, y luego de casi una década desde el comienzo de este escenario, es necesario incorporar nuevas variables de análisis a esta tensión geoeconómica. Una de ellas es la competencia por dominar el mercado de la IA.
La industria de la IA se sostiene sobre cinco pilares: el recurso humano, el financiamiento del capital, la infraestructura digital, la infraestructura física y la gobernanza de la IA. Ninguna economía a lo largo del globo domina todas unilateralmente. Si bien China y Estados Unidos lideran la carrera, ambos cuentan con puntos débiles que pueden representar grandes oportunidades para otros mercados internacionales.
Por un lado, Estados Unidos alberga las empresas con mayores rendimientos en IA como Microsoft, Google, Nvidia y Anthropic, junto a miles de data centers dispuestos a lo largo del país y que actualmente se quieren instalar en nuestro país. EE.UU. diseña, además, los chips semiconductores más especializados en el mercado de la IA gracias a su inversión en el recurso humano: programadores, científicos y referentes del IT. Sin embargo, el principal desafío estadounidense es la compleja interdependencia con China. Ello se refleja tanto en la importación de minerales críticos como el fosfuro de indio para la construcción de chips como en la creación de un cordón de seguridad estable para mantener dentro del territorio a sus principales empresas de IA frente a los atractivos de inversión chinos.
Al otro lado del globo, el sector público chino es el segundo que más invierte en el mundo en IA y acompaña esta estrategia con políticas públicas de proyección futura clara. El país ha sido pionero en esta materia con plataformas claras y estratégicas para integrar la IA a todas las esferas del Estado. A diferencia del Estado argentino, que actualmente no cuenta con un marco regulatorio para la IA, China sentó precedente con políticas adaptativas verticales: normas específicas para cada nueva tecnología. Esto contrasta con el AI Act europeo, que abarca indiscriminadamente todo tipo de IA sin establecer márgenes claros de regulación.
Desafíos actuales del mercado de la IA
En este contexto ¿Donde encuentra su lugar Argentina en un mercado principalmente dominado por EE.UU. y China? Es interesante tomar la expresión despliegue de Patterson, quien amplía el análisis al reconocer las potencialidades de países con poco desarrollo tecnológico interno pero con gran capacidad de inserción. Para ello hay una variable fundamental a la hora de pensarnos como países emergentes en IA: la soberanía digital.
Cuando se piensa en soberanía es importante no limitarse al territorio. Los recursos naturales, la información que produce o la tecnología en la que se especializa son igualmente relevantes. En el caso particular, vemos cómo China y EE.UU. ejercen su soberanía en IA a través de la gobernanza regulatoria, el desarrollo tecnológico local, la inversión de capital en IA y la formación de profesionales. Para la Argentina el panorama es complejo: somos un caso medio-bajo de desarrollo en IA. El Digital Sovereignty Index muestra los desafíos que presentamos en los cinco pilares para el desarrollo en IA.
Primero, los negocios internacionales y principales empresas en IA captan profesionales argentinos que terminan retribuyendo el capital científico y académico acumulado al exterior. En segundo lugar, el financiamiento del capital se da mayormente de parte del sector privado o de agentes extranjeros, erosionando los márgenes de intervención y regulación estatal. Los siguientes dos puntos son centrales, nuestras infraestructuras digitales y físicas sufren extractivismo de datos. Así, especialistas afirman que el Estado argentino y su economía digital operan sobre infraestructuras que no controla, estándares que no define, con datos que no custodia y mediante plataformas cuyos algoritmos no audita. Aún más, nuestra infraestructura es dependiente de proveedores extranjeros para servicios en la nube, GPUs, chips semiconductores y el hardware avanzado.
La infraestructura física, por otro lado, se proyecta primeramente con los data centers. Estos almacenan los procesadores y generadores de la IA para producir los resultados que provee. En nuestro país, la legislación avanza en miras de garantizar grandes extensiones de tierras en la Patagonia, la Región Pampeana y el Cuyo para la construcción de data centers de empresas extranjeras. El interés en estas regiones es su gran extensión y energía de fácil alcance, utilizando recursos naturales para el enfriamiento de dichos procesadores, lo cual alterna nuestros ecosistemas naturales. Esto adquiere mayor sustento al comprender que Argentina es hogar de aquello que se conoce como tierras raras a nivel industrial y comercial. En otras palabras, es un recurso capital geológico que nuestro país tiene, con minerales críticos que escasean a nivel mundial y son necesarios para la fabricación de motores, chips semiconductores, generadores de energía, entre otros compuestos más que precisa la IA.
Por último, respecto a la gobernanza, afirmamos que Argentina tiene mucho potencial por delante respecto al mundo e incluso a países vecinos. El gobierno argentino discursivamente ha manifestado su voluntad de convertir al país en un hub global de la IA. Sin embargo, los discursos no se ven acompañados de proyectos concretos en materia de regulación, inversión o financiamiento al recurso humano y la infraestructura digital. Aún más, contamos con escasos logros y proyectos por parte de gestiones anteriores lo cual dificulta pensar en una política de Estado a largo plazo para nuestro país.
Pensar el futuro de la innovación en IA
Ante lo expuesto, invertir en un ecosistema que promueva la innovación es fundamental para nuestro país. Esto incluye, entre otras cosas, eliminar la brecha digital entre sectores de la sociedad, apostar a la educación tecnológica, financiar la ciencia e investigación argentinas, tanto en el sector público como el sector privado argentino, reforzar la gobernanza y el conocimiento del Estado en IA, entre más. Por ende, la estrategia para el desarrollo en IA no se logra únicamente con el establecimiento de data centers en las llanuras y desiertos de la Patagonia Argentina. Al contrario, es necesario fomentar el debate público hacia el interior del país y proyectarnos al exterior en miras de comerciar, interactuar y estudiar a los principales actores en este mercado, lejos de una subordinación completa a un polo del mapa. Nuestra historia nos ha demostrado incontables veces que ante conflictos internacionales, disputas del balance de poder o guerras comerciales, un comportamiento estratégico es el que nos permite obtener beneficios concretos. A diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la IA está demostrando ser un fenómeno de alta interdependencia e interconectividad, donde ni siquiera los dos gigantes económicos pueden progresar sin el otro.
Why should AI development be a priority in Argentina's public debate? Beyond being a booming market that is driving global economic growth by up to 3%, there are power and sovereignty factors that need to be discussed. Although Argentina is an optimistic country regarding the benefits associated with AI implementation, national statistics on investment, development, and patent registration lag behind other countries in the region. This gap deepens further when compared to those who dominate this market: China and the United States.
Despite these comparative delays, we are still facing an incipient, uncertain AI value chain marked above all by strong interdependence. In this framework, the main players are not yet fully defined, and strategic thinking is key to securing a place in the pyramid of this new market. This makes it not only possible but necessary to encourage public debate about the place Argentina should occupy in the AI ecosystem, in line with its possibilities and limitations.
The trade war in the third decade of the century
China's rise within the international system challenges American unipolar hegemony across multiple fields, giving way to what The Economist called the Trade War. Today, nearly a decade after this scenario began, it is necessary to incorporate new variables into the analysis of this geoeconomic tension. One of them is the competition to dominate the AI market.
The AI industry rests on five pillars: human resources, capital financing, digital infrastructure, physical infrastructure, and AI governance. No economy in the world unilaterally dominates all of them. While China and the United States lead the race, both have weak points that can represent major opportunities for other international markets.
On one hand, the United States hosts the highest-performing AI companies, such as Microsoft, Google, Nvidia, and Anthropic, along with thousands of data centers spread across the country — and now increasingly interested in setting up in Argentina. The U.S. also designs the most specialized semiconductor chips in the AI market, thanks to its investment in human resources: programmers, scientists, and IT leaders. However, the main U.S. challenge is its complex interdependence with China, reflected both in the import of critical minerals like indium phosphide for chip manufacturing and in maintaining a stable security perimeter to keep its leading AI companies within its territory, despite the appeal of Chinese investment.
On the other side of the globe, China's public sector is the second-largest AI investor in the world, backed by clear forward-looking public policies. The country has been a pioneer in this area, with clear, strategic platforms for integrating AI across all spheres of the state. Unlike Argentina, which currently lacks a regulatory framework for AI, China has set a precedent with vertical adaptive policies — specific rules for each new technology. This contrasts with the European AI Act, which broadly covers all types of AI without establishing clear regulatory boundaries.
Current challenges in the AI market
In this context, where does Argentina find its place in a market mainly dominated by the U.S. and China? It's worth borrowing Patterson's notion of "deployment," which broadens the analysis by recognizing the potential of countries with little internal technological development but great capacity for insertion. For this, there is a fundamental variable to consider when thinking of ourselves as an emerging AI country: digital sovereignty.
When thinking about sovereignty, it's important not to limit it to territory. Natural resources, the information a country produces, or the technology it specializes in are equally relevant. In this particular case, we see how China and the U.S. exercise their AI sovereignty through regulatory governance, local technological development, capital investment in AI, and professional training. For Argentina, the outlook is complex: we are a medium-low case of AI development. The Digital Sovereignty Index shows the challenges we face across the five pillars of AI development.
First, international businesses and leading AI companies recruit Argentine professionals, who end up returning the accumulated scientific and academic capital abroad. Second, capital financing comes mostly from the private sector or foreign agents, eroding state margins for intervention and regulation. The next two points are central: our digital and physical infrastructures suffer from data extractivism. Specialists thus affirm that the Argentine state and its digital economy operate on infrastructures it does not control, standards it does not define, with data it does not safeguard, and through platforms whose algorithms it does not audit. What's more, our infrastructure depends on foreign providers for cloud services, GPUs, semiconductor chips, and advanced hardware.
Physical infrastructure, meanwhile, is primarily projected through data centers. These house the processors and generators that produce AI's outputs. In our country, legislation is moving toward securing large tracts of land in Patagonia, the Pampas Region, and Cuyo for the construction of data centers by foreign companies. The interest in these regions lies in their vast expanse and easily accessible energy, using natural resources to cool these processors — which in turn alters our natural ecosystems. This becomes even more significant when we understand that Argentina is home to what are industrially and commercially known as rare earths. In other words, it is a capital geological resource our country holds, with critical minerals that are scarce worldwide and necessary for manufacturing engines, semiconductor chips, energy generators, and other compounds that AI requires.
Finally, regarding governance, we affirm that Argentina has significant potential ahead compared to the world and even neighboring countries. The Argentine government has discursively expressed its will to turn the country into a global AI hub. However, these statements are not accompanied by concrete projects in regulation, investment, or financing for human resources and digital infrastructure. What's more, we have few achievements and projects from previous administrations, which makes it difficult to envision a long-term state policy for our country.
Thinking about the future of AI innovation
Given all this, investing in an ecosystem that promotes innovation is essential for our country. This includes, among other things, closing the digital divide between sectors of society, betting on technological education, financing Argentine science and research in both the public and private sectors, and strengthening state governance and knowledge of AI, among other measures. Therefore, the strategy for AI development cannot be achieved solely by establishing data centers in the plains and deserts of Argentine Patagonia. On the contrary, it is necessary to foster public debate within the country and project ourselves abroad in order to trade, interact with, and study the main players in this market — far from complete subordination to either pole of the map. Our history has shown us time and again that in the face of international conflicts, power balance disputes, or trade wars, strategic behavior is what allows us to obtain concrete benefits. Unlike other technological revolutions, AI is proving to be a phenomenon of high interdependence and interconnectivity, where not even the two economic giants can progress without the other.